violencia de género

Casos de violencia de género: un análisis completo desde la Criminología

Estamos tratando de asumir los sucesos de estos últimos días en España, lamentando que este 25 de septiembre se dio el último caso de violencia de género, donde han sido asesinadas tres mujeres y dos niñas de 3 y 6 años a manos de sus parejas y padre. Han sido diferentes versiones publicadas sobre si habían denunciado o no anteriormente, si se conocía que sufrían malos tratos y en qué grado, etc.

En definitiva, la pregunta marco es… ¿qué ha fallado en los sistemas de prevención y de protección de víctimas?.

Mucho queda por decir al respecto, desde la Criminología y la Victimología

Fallos del Sistema de prevención y protección de víctimas de violencia de género

Lo primero a destacar, el actual sistema tiene lagunas que podrían subsanarse con un servicio de turno de acompañantes a la víctima vulnerable del delito de agresiones. Una figura profesional que viene a cubrir la imperiosa necesidad de soslayar los vacíos, puestos de manifiesto, que existen entre protocolo y protocolo, además de una posible falla de coordinación entre las instituciones.

La víctima de un delito de violencia de género se enfrenta a un hándicap: contarlo de manera creíble. No pocas veces es una dificultad encontrar las palabras para describir una vivencia de entidad sin nombre a falta de perspectiva y conceptualización. Ella pide ayuda para que dejen de hacerle daño, aunque nada sabe todavía sobre las consecuencias de este, su primer acto.

¿Cuántas mujeres son objeto de esta victimización, sin resultado de muerte, que integran una cifra negra? Incalculable. No se registran ni las que llegan hasta la autoridad competente y se retiran cuando se hacen conscientes que la carga de las consecuencias de una denuncia recaerá sobre ellas. Lo que, subrepticiamente, deja sola a la mujer frente al sistema, cualquiera que sea la exposición de motivos, declaración de principios, que anuncian lo contrario.

Joven violada por su exnovio en Castellón en marzo de 2017

Ella se queda aturdida y no reacciona en su defensa porque había estado hablando con él relajadamente antes. Es decir, duda sobre si ha sido un ilícito denunciable; si al no haberse defendido -por tanto, dubitativamente consentidora-, ella podría haber sido corresponsable.

Significativo es que no se acudiera a ninguna institución directamente, necesitando contrastar con otras mujeres, sus amigas, lo que ha sucedido y qué hacer. Mujeres que, a su vez, siguen sin saber cuál es el procedimiento, se ponen en contacto con activistas de un colectivo organizando por la igualdad de derechos. 

Aún así, éstas han de consultar a un grupo de apoyo mutuo donde otras mujeres cuentan con mayor experiencia, aunque como víctimas de malos tratos continuados,  no es lo mismo pero es lo que más se acerca.

Porque se ha ido pasando por tres etapas diferentes antes de llegar a la institución que da materia para reflexionar.

Último caso de violencia de género- análisis completo desde la Criminología

Si un primer impulso de las amigas es la muestra de afecto hacia la víctima, una profesional les hubiera explicado por qué no deben abrazarla, ni tocarla siquiera en caso de agresión sexual, que la víctima no debe lavarse, ni las manos, para salvaguardar cualquier vestigio de prueba.

Tras dos horas y tres etapas del proceso, consiguen saber que lo primero es acudir a un centro médico, que allí hay que pedir que se abra el protocolo sanitario específico para estos casos. No es lo mismo una revisión médica rutinaria que una en la que se busquen y retengan los datos necesarios para un informe pericial.

Tampoco saben que la víctima puede estar acompañada por quien ella desee durante cualquier diligencia, incluso médica, en todo momento sin dejarla sola si es su deseo, velando porque se cumplan los requisitos exigibles en cada una de ellas. Y después a la comisaría, parte médico en mano, finalmente a poner la denuncia.

La policía, con celo en su recepción, le aseguran para tranquilizar a la víctima, que con lo que le han hecho bien puede caerle al ofensor una condena de 6 a 8 años de cárcel. La joven queda petrificada con la carga de la culpa, pensando que va a destruir la vida de su exnovio si sigue adelante con la denuncia, además del periplo por el que deberá pasar ella misma.

Decide retirar la denuncia y sus amigas ya no saben qué más pueden hacer. Se separan, cada una hacia su casa, quedando sola la víctima esa misma noche.

Nunca se sabrá más de esta violación, que quedará impune. Impune para el violador, pero no para la víctima que arrastrará su propia condena durante mucho, mucho tiempo si es que no es de por vida.

Tres ocasiones perdidas porque no hubo ahí una profesional pertrechada para atender a víctimas de violencia de género.

Herramientas teóricas y metodológicas sobre el perfil de una agresión sexual, el estado en que se encuentra una víctima de tal agresión en el momento de los hechos y después, inmediatamente después, horas después, días después, es lo que se ausenta en este proceso.

Sobre la importancia del íter víctimae y el íter críminis, el protocolo sanitario o policial, preparada para acercarle el concepto legal. Y, sobre todo, con la necesaria pericia que favorecerá que pueda deponer el tumulto de sensaciones que la abruman hasta poder ordenar un relato que contribuirá a percibirse competente y entender la dimensión del acto criminal.

Tanto como su autoinculpación y vergüenza, aminorar el temor a las represalias del agresor y al proceso posterior por el que tendrá que pasar, entre distintas instancias de intervención, así como la reacción de su entorno más próximo, son las principales razones de no realizar la denuncia.

Hay mucha información en internet sobre protocolos de actuación ante casos de violencia de género, pero exigirles a las propias víctimas que estén en disposición de conocer el detalle sobre qué hay que hacer inmediatamente después, puede ser tan cruel, que podemos asegurar que es ahí donde empieza la victimización secundaria.

La buena disposición del voluntariado nunca podrá sustituir las exigencias de preparación, saberes y tiempo de dedicación que se requieren, sin duda alguna, para llevar a cabo un acompañamiento profesional versado en conocimientos criminológicos y victimológicos -junto a una amplia capacidad de análisis desde una perspectiva de género-, que situará en el marco sociológico apropiado las determinantes circunstancias que propician, en este caso, las agresiones sexistas.


Autor:

Jovaní Roda, Esther. Criminóloga. Experta en Acompañamiento a Víctimas de Violencia de Género.

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