Neurociencias y su influencia en el procedimiento penal español
El concepto clásico de delito es aquella conducta típica, antijurídica y culpable que castigan las leyes penales. Las conductas son fáciles de determinar, basta con revisar los ordenamientos jurídicos, las penas también están en los ordenamientos, sin embargo la culpabilidad no está en los ordenamientos. Cuando se esta juzgando a una persona imputada, a día de hoy la gran pregunta que el jurado plantea es ¿tuvo esa persona otra posibilidad en el momento de la comisión de los hechos? ¿pudieron optar por otra conducta?Aquí se encuentra la confrontación crucial, muchos abogados con el firme propósito de defender a sus clientes responden no, que estaban determinados, que eran víctimas de sus afecciones mentales; personalmente no lo creo.
Las neurociencias aquí tienen un papel fundamental en el futuro ya que son un conjunto de disciplinas que se encargan de estudiar la estructura, función, bases moleculares y patologías del sistema nervioso, ya que la interacción de las mismas son lo que constituye las bases de nuestra conducta; el hecho de que tengamos ciertas sustancias o no tengamos dichas sustancias no nos hace inocentes, por ejemplo, todos tenemos vejiga, y por tanto todos debemos orinar, eso no justifica que orinemos en medio de un restaurante, o en medio de una clase de la facultad, considero que debemos estar preparados socialmente para hacerlo en los momentos adecuados, que tengamos muy baja dopamina o serotonina o que tengamos muy alto el cortisol o la noradrenalina no significa que se pueda matar, por ende no cambiará el hecho de ser sancionado por esas conductas, lo que sí creo que cambiará serán los jueces, la gran preocupación del derecho penal, es posible que en unos años la figura del juez licenciado en derecho desaparezca, quizás empiecen a serlo farmacobiólogos, químicos…tal vez con una pequeña formación en derecho eso sí.
A raíz de ello podrían cambiar las sanciones y consecuente de ello acabar con el sistema penitenciario que tan colapsado se encuentra en muchos países sobre todo en aquellos menos desarrollados del tercer mundo. Quizás hablemos de sanciones para aquellas personas diagnosticadas de alguna patología mental donde, apoyado por una serie de pruebas o técnicas neurocientíficas, se regule una administración controlada de fármacos que alteren considerablemente la producción de esas sustancias, es decir, vulgarmente hablando para que se entienda, – usted asesinó a una mujer…- , pónganle oxitocina, reduzcan su nivel de cortisol, añádanle vasopresina…
Esto produciría un cambio total en la percepción que se tiene actualmente del castigo, de los derechos humanos, pero no se trata de emprender un sistema novedoso, sino de construir sobre lo que tenemos, porque cuando un juez establece una pena privativa de libertad en prisión por 10 años está suspendiendo los derechos humanos de esa persona, de la misma forma que en un futuro un juez pueda dictaminar añádanle serotonina al procesado también le estarían suspendiendo sus derechos humanos.
Dicho esto queda otra cuestión, como ya se ha comentado, el fin de la pena tiene el objetivo de la reinserción y reeducación del delincuente, pues bien, ¿qué ocurrirá cuando las víctimas secundarias de los delitos se encuentren en libertad a aquellas personas que asesinaron a sus familiares o violaron a sus hijos? Posiblemente y con total justificación se indignarán y responderán negativamente, es entonces cuando de verdad veremos si esas penas realmente están impuestas con fines de reinserción por parte de los delincuentes, o si por en cambio son, como se diría coloquialmente, castigos o reproches de niño pequeño por parte sociedad hacia aquellas personas que realizan una conducta antijurídica.
La química, la biología y en especial las neurociencias cambiaran completamente el panorama, entre otras cosas porque las mismas están cuestionando todas las bases y dogmática del derecho penal, implicando conceptos como la libertad, el determinismo biológico, visiones antiguas, más actuales… La buena noticia es que a día de hoy existen mas preguntas que respuestas, quizás el mundo del derecho concretamente los penalistas estén viviendo una etapa de incertidumbre sobre todo por ver hacia dónde va encaminada su profesión, si es que esta caminará de la mano de estos avances científicos o si por el contrario las mismas abarcaran todo su mundo. Lo único que está totalmente prohibido es negar el curso del derecho así como su evolución y por tanto debemos abrir nuestras mentes ante lo que nos depara el futuro.
Autor: Francisco J Pérez Abellán

