¿cómo proteger la seguridad en nuestra sociedad desde una óptica criminológica?
La profunda huella como consecuencia de los atentados terroristas que han golpeado Europa en las últimas décadas ha dejado un recuerdo duradero en la memoria colectiva social. El 19 de diciembre de 2016, Berlín vivió uno de los episodios más traumáticos de su historia reciente, cuando un camión irrumpió en un mercado navideño céntrico, convirtiendo un lugar seguro de convivencia donde se desarrolla la vida cotidiana a un escenario terrorista que causó numerosas víctimas. Hace unos días, volvió a ocurrir un episodio similar en la ciudad alemana, al resultar heridas al menos 29 personas de diversa consideración y una persona fallecida, como consecuencia del atropello masivo al arrollar un vehículo a una multitud durante la celebración del Christopher Street Day.
Estos nuevos episodios violentos y ataques en lugares públicos generan preocupación entre una gran parte de la ciudadanía, reabriendo por tanto el debate sobre la capacidad de los poderes públicos para prevenir estas amenazas terroristas. Es por ello, que se produce un gran impacto que repercute no solo a nivel individual sino también a nivel colectivo, generándose entonces diversos sentimientos que correlacionan con la idea, por ejemplo, del sentimiento y sensación de inseguridad, miedo y vulnerabilidad. Esto genera un gran impacto social.
Desde la perspectiva criminológica, a través de este fenómeno criminal no solo se producen daños materiales, sino también daños de carácter personal que son propios de estos ataques. Entre estos, destacan como se ha nombrado anteriormente la sensación de inseguridad, ya que la seguridad individual se ve alterada, extrapolándose esta distorsión a la sociedad ante un hecho de tal magnitud. Esto origina que un individuo o un grupo cambie o acote sus movimientos y comportamientos rutinarios, ya que está sometido a dicha sensación de inseguridad y de riesgo que se puede alargar en el tiempo. Esto entronca además con ciertos aspectos negativos de procesos de victimización que en su dimensión terciaria se caracteriza por dicha prolongación en el tiempo, lo que enquista la sensación de desamparo y cronifica el trauma.
Además de ello, otra cuestión importante es la confianza en nuestras instituciones como garantes de esta seguridad y en la protección de nuestros derechos como ciudadanos. Atentados como los ocurridos en grandes ciudades como Madrid, Londres, París o Berlín en el pasado, han demostrado que el terrorismo va más allá de causar únicamente víctimas directas. Uno de sus objetivos, como se ha dicho, es generar miedo, modificar la vida cotidiana y generar la sensación de incertidumbre y desestabilización, por lo que se refuerza la idea que ningún espacio público va a estar completamente protegido de tales amenazas. Desde un enfoque criminológico, se aborda esta dimensión del terrorismo ampliando el conocimiento de tal fenómeno criminal aproximándonos así a sus efectos. Esto es, el impacto de un atentado no se limita obviamente a las personas afectadas de manera directa e inmediata, sino también a aquellas que lo experimentan indirectamente, y por ende al conjunto de toda la sociedad.
Una de las consecuencias más relevantes cuando ocurren estos hechos de carácter terrorista es el inicio de un extenso proceso de discusión y debate público. Este debate atiende a ciertos planteamientos sobre seguridad, pero también sobre los actuales mecanismos vigentes y los posibles mecanismos que se pueden implementar en el ámbito del control y la prevención. La ciudadana por su parte demanda reacciones y respuestas eficaces, claras y rápidas. Es evidente que la seguridad ciudadana en una sociedad democrática es una de las responsabilidades de los Estados. A través de diferentes reformas e iniciativas que se han implementado en diversos países europeos se ha afianzado la necesidad de reforzar la prevención y la lucha antiterrorista. Gracias a la vigilancia, a la ampliación de las competencias en materia de seguridad o a la tipificación de nuevas conductas delictivas en el ámbito penal, se impulsa y se consolida en los últimos tiempos un nuevo marco europeo en materia de cooperación policial y judicial. La Unión Europea desarrolla una política antiterrorista propia que se articula no solo en la vía del refuerzo penal, sino también en la de la lucha preventiva y de la protección de las víctimas, al igual que en la de velar por los derechos y garantías ciudadanas propias de los Estados de derecho que la conforman.
Desde la criminología, la respuesta institucional frente al terrorismo contemporáneo debe abordarse desde una perspectiva integral y equilibrada. La prevención del terrorismo no puede solo enfocarse en estrategias represivas, sino que:
- debe comprender las causas y analizar los factores que propician su aparición y su desarrollo, ya que el fenómeno del terrorismo es un fenómeno criminal complejo.
- debe reforzar y asentar la cooperación internacional policial y judicial más allá del marco europeo, sino que transcienda al ámbito internacional.
- debe perfeccionar los mecanismos de detección temprana para poder intervenir antes de la comisión del hecho delictivo.
- debe impulsar políticas públicas preventivas orientadas a minimizar y reducir los procesos de radicalización y aquellos factores de riesgo asociados a estos procesos.
Gracias al carácter multidisciplinar de la criminología, se afronta la comprensión del terrorismo desde una perspectiva global que va más allá del ámbito jurídico-penal. Su análisis integra no solo el fenómeno y sus causas, al igual que sus consecuencias y la respuesta de las instituciones.
Autor: Dr. Lorena Menes Corrales

