Nuevo episodio de “Voces de la Historia” con Ingrid J. Mina Lucumi, especialista en mediación penal y análisis criminológico aplicado a la justicia restaurativa y perito judicial.
La manera de entender la justicia está cambiando. Durante décadas, los sistemas penales han estado centrados principalmente en determinar qué ocurrió, quién cometió un delito y cuál debe ser la sanción correspondiente. Sin embargo, en los últimos años ha cobrado fuerza una perspectiva diferente: preguntarse también cómo reparar el daño causado, cómo atender las necesidades de las víctimas y cómo favorecer procesos de responsabilización y reintegración social.
En este contexto adquiere especial relevancia la justicia restaurativa, un enfoque que propone mirar el conflicto y el delito desde una perspectiva más amplia, incorporando a las personas afectadas y a la comunidad en la búsqueda de respuestas.
En el nuevo episodio de “Voces de la Historia”, nos acercamos a la evolución que han experimentado las políticas públicas relacionadas con la justicia restaurativa durante el periodo 2020-2025, de la mano de una invitada con una amplia perspectiva profesional sobre esta materia: Ingrid J. Mina Lucumi, especialista en mediación penal y análisis criminológico aplicado a la justicia restaurativa y perito judicial.
De castigar el delito a comprender sus consecuencias
Hablar de justicia restaurativa no significa eliminar la responsabilidad frente al delito ni sustituir automáticamente las respuestas tradicionales de los sistemas judiciales.
Su planteamiento parte de una pregunta diferente: ¿qué necesitan las personas afectadas por un delito para avanzar en su proceso de reparación?
Desde esta perspectiva, el delito no se entiende únicamente como una infracción de una norma jurídica. También puede generar consecuencias personales, familiares, sociales y comunitarias que permanecen mucho tiempo después de que finaliza un proceso judicial.
La víctima puede necesitar ser escuchada. La persona responsable del daño puede necesitar comprender las consecuencias de sus actos y asumir responsabilidades. Y la comunidad puede tener un papel fundamental en la reconstrucción de las relaciones sociales afectadas.
Este cambio de perspectiva ha impulsado nuevas formas de abordar determinados conflictos y ha situado conceptos como reparación, diálogo, responsabilidad, participación y reintegración en el centro del debate.
2020-2025: cinco años de transformación
El periodo comprendido entre 2020 y 2025 resulta especialmente interesante para analizar la evolución de las políticas públicas relacionadas con la justicia restaurativa.
Estos años estuvieron marcados por importantes transformaciones sociales e institucionales. La pandemia de COVID-19 modificó la manera en que las administraciones públicas prestaban numerosos servicios y aceleró la incorporación de herramientas digitales en ámbitos que tradicionalmente dependían de la presencialidad.
La justicia y los mecanismos de mediación tampoco fueron ajenos a esta transformación.
La necesidad de mantener determinados procesos durante un periodo de restricciones y distanciamiento social favoreció la exploración de nuevos canales de comunicación, mediación y atención a las personas involucradas en los conflictos.
Pero la transformación no fue únicamente tecnológica.
Durante estos años también se reforzó el debate sobre la necesidad de construir sistemas de justicia más centrados en las personas, capaces de reconocer las necesidades de las víctimas y de explorar mecanismos que permitan abordar determinados conflictos desde una perspectiva reparadora.
El papel de la víctima
Uno de los elementos fundamentales de la justicia restaurativa es precisamente la recuperación de la víctima como protagonista del proceso.
En un modelo tradicional, la víctima puede experimentar que el conflicto pasa a estar fundamentalmente entre el Estado y la persona acusada. El proceso judicial determina responsabilidades y establece consecuencias jurídicas, pero eso no siempre significa que todas las necesidades de la víctima hayan quedado resueltas.
La justicia restaurativa plantea la posibilidad de incorporar preguntas adicionales:
¿Qué daño se produjo?
¿Quiénes fueron afectados?
¿Qué necesitan las personas perjudicadas?
¿Cómo puede repararse, en la medida de lo posible, ese daño?
No existe una respuesta única para todos los casos. Precisamente por eso, los procesos restaurativos requieren profesionales preparados para analizar cada situación y determinar qué mecanismos pueden resultar adecuados.
Aquí adquieren especial importancia disciplinas como la criminología, la mediación penal y la intervención especializada.
Mediación penal: diálogo y responsabilidad
La mediación penal constituye una de las herramientas que pueden formar parte de los enfoques restaurativos.
Su finalidad no consiste simplemente en sentar a dos personas frente a frente. Un proceso de mediación exige preparación, evaluación, garantías y profesionales capacitados para determinar si existen condiciones adecuadas para el diálogo.
Cuando las circunstancias lo permiten, la mediación puede facilitar que las personas involucradas expresen sus perspectivas, comprendan las consecuencias del conflicto y exploren posibles formas de reparación.
El diálogo puede convertirse así en una herramienta para transformar un conflicto y no únicamente para determinar quién tiene la razón.
Sin embargo, este proceso debe desarrollarse siempre con criterios profesionales y teniendo en cuenta las características de cada caso, especialmente cuando existen situaciones de especial vulnerabilidad o desequilibrios entre las partes.
Criminología y justicia restaurativa: una relación necesaria
La criminología aporta una perspectiva especialmente relevante a la justicia restaurativa porque permite analizar el fenómeno delictivo desde diferentes dimensiones.
No se trata únicamente de estudiar el delito, sino también de comprender sus causas, sus consecuencias, los factores de riesgo, las dinámicas sociales y las posibilidades de prevención y reintegración.
El análisis criminológico puede contribuir a diseñar intervenciones más ajustadas a las características de cada conflicto y a comprender que detrás de una conducta delictiva existen circunstancias que deben ser estudiadas sin que ello implique justificar el daño producido.
Esta mirada resulta especialmente importante cuando las políticas públicas buscan pasar de respuestas exclusivamente reactivas a estrategias que también incorporen prevención, intervención, reparación y reinserción.
Justicia restaurativa y políticas públicas
Uno de los grandes retos consiste en conseguir que la justicia restaurativa no permanezca únicamente como una alternativa utilizada en determinados proyectos o experiencias concretas, sino que pueda integrarse adecuadamente dentro de las políticas públicas.
Para ello resulta necesario desarrollar marcos institucionales, protocolos, formación especializada, mecanismos de evaluación y profesionales capacitados.
También es fundamental establecer criterios claros para determinar cuándo un proceso restaurativo puede ser apropiado y cuáles son las condiciones que deben garantizarse para proteger los derechos de todas las personas participantes.
La evolución de las políticas públicas entre 2020 y 2025 permite precisamente analizar hasta qué punto estos principios han pasado de formar parte del debate académico y profesional a incorporarse progresivamente a las estrategias institucionales.
Una justicia más cercana a las personas
Uno de los principales atractivos de la justicia restaurativa es que propone ampliar la mirada.
La justicia no tiene por qué limitarse a responder a la pregunta de “¿qué norma se ha infringido?”. También puede preguntarse “¿qué consecuencias ha generado esa infracción y qué podemos hacer para repararlas?”
Esta perspectiva coloca en primer plano dimensiones que pueden quedar ocultas dentro de los procedimientos tradicionales: el impacto emocional, las relaciones familiares, las consecuencias comunitarias, la necesidad de reconocimiento del daño o las posibilidades de reconstrucción de determinadas relaciones.
En este sentido, la justicia restaurativa puede contribuir a construir una justicia más próxima a la realidad de las personas.
Los desafíos todavía pendientes
A pesar de los avances experimentados durante los últimos años, la justicia restaurativa también enfrenta importantes desafíos.
Uno de ellos es la formación especializada de los profesionales que intervienen en estos procesos. La mediación penal y el análisis criminológico requieren conocimientos técnicos, habilidades comunicativas y una comprensión profunda de las dinámicas del conflicto.
Otro desafío es la necesidad de evaluar los resultados. No basta con implementar programas; también es necesario analizar su impacto, identificar qué funciona, en qué contextos y bajo qué condiciones.
La confianza social constituye igualmente un elemento esencial. Para que la ciudadanía comprenda el valor de los mecanismos restaurativos es necesario explicar que hablar de reparación no significa hablar de impunidad.
Por el contrario, uno de los principios centrales es precisamente la responsabilización frente al daño causado.
El futuro de la justicia restaurativa
La evolución de 2020 a 2025 abre una nueva etapa en la que la justicia restaurativa puede seguir adquiriendo relevancia dentro de las políticas públicas.
El futuro estará marcado probablemente por una combinación de diferentes herramientas: sistemas judiciales tradicionales, mecanismos de mediación, programas de reparación, intervención criminológica y nuevas tecnologías aplicadas a la gestión de determinados procesos.
Pero, por encima de las herramientas, existe una cuestión fundamental: poner a las personas en el centro de la respuesta frente al conflicto y al delito.
La justicia restaurativa invita a comprender que una respuesta jurídica no siempre representa el final del problema. En muchos casos, el verdadero desafío comienza después: reparar, reconstruir, responsabilizar y prevenir que situaciones similares vuelvan a producirse.
Una conversación con Ingrid J. Mina Lucumi
Para profundizar en todas estas cuestiones, este nuevo episodio cuenta con la participación de Ingrid J. Mina Lucumi, especialista en mediación penal y análisis criminológico aplicado a la justicia restaurativa, además de perito judicial.
Su experiencia permite abordar la justicia restaurativa desde una perspectiva profesional y criminológica, analizando su evolución, los cambios experimentados en las políticas públicas y los retos que todavía deben afrontarse.
A través de esta conversación, “Voces de la Historia” abre un espacio para reflexionar sobre cómo están evolucionando los modelos de justicia y sobre el papel que pueden desempeñar la criminología, la mediación y la reparación del daño en la construcción de respuestas más integrales.
Un episodio para reflexionar sobre el futuro de la justicia
La justicia restaurativa plantea un desafío interesante para las instituciones y para la sociedad: no preguntarnos únicamente cómo sancionar un delito, sino también cómo responder al daño que ese delito ha producido.
Entre 2020 y 2025 se han producido avances importantes, pero también han quedado sobre la mesa nuevos interrogantes. ¿Hasta dónde puede llegar la justicia restaurativa? ¿Qué papel debe tener la víctima? ¿Cómo debe garantizarse la participación voluntaria y segura? ¿Qué formación necesitan los profesionales? ¿Y cómo pueden las políticas públicas integrar estos modelos de manera efectiva?
Todas estas preguntas forman parte de una conversación necesaria para comprender la evolución de la justicia contemporánea.
Descubre el nuevo episodio de “Voces de la Historia” y acompáñanos junto a Ingrid J. Mina Lucumi en este análisis sobre la justicia restaurativa, la criminología y la evolución de las políticas públicas entre 2020 y 2025.




