El mundo contemporáneo se encuentra sumido en un escenario marcado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad, un entorno que en los estudios estratégicos se conoce como VUCA. En este contexto, la seguridad y la defensa han adquirido una relevancia sin precedentes, ya que los Estados, las organizaciones internacionales y los actores no estatales deben enfrentarse a un conjunto de amenazas híbridas, cada vez más sofisticadas y difíciles de anticipar.

La geoestrategia se convierte, por tanto, en una herramienta imprescindible para comprender cómo interactúan las potencias, cómo se configuran los nuevos equilibrios de poder y cómo se proyectan las amenazas en el ciberespacio, el ámbito cognitivo y el terreno físico.

Geoestrategia, Amenazas y Desafíos

La geoestrategia estudia la relación entre el poder, la geografía y la seguridad. Hoy, esta disciplina se ve condicionada por factores como:

En consecuencia, la seguridad global ya no se entiende solo como la protección militar clásica, sino como la capacidad de gestionar riesgos multidimensionales que afectan a sociedades enteras.

Seguridad en un Mundo Global

La globalización ha generado un ecosistema interdependiente: lo que ocurre en un punto del planeta tiene repercusiones inmediatas en otro. La seguridad, por tanto, debe ser abordada desde una visión global que contemple:

  1. Seguridad colectiva: alianzas como la OTAN, la Unión Europea o acuerdos regionales en Asia y África.

  2. Seguridad energética: la dependencia del gas, el petróleo y los recursos estratégicos ha demostrado ser un arma de presión política.

  3. Seguridad económica: las guerras comerciales y las sanciones financieras son parte de las nuevas herramientas de coerción.

  4. Seguridad humana: protección de las poblaciones frente a pandemias, desastres naturales o crisis alimentarias.

En un mundo global, la defensa ya no puede limitarse al terreno militar: requiere cooperación diplomática, económica, tecnológica y cultural.

La Defensa en un Mundo VUCA

El escenario VUCA (Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo) plantea enormes desafíos para la planificación de la defensa:

Para responder, los Estados deben adaptar sus fuerzas armadas, potenciar la resiliencia de la sociedad y desarrollar mecanismos flexibles que permitan enfrentar crisis de diversa naturaleza.

Inteligencia frente a las Amenazas Híbridas

Las amenazas híbridas combinan tácticas convencionales con acciones irregulares y cibernéticas, mezclando propaganda, desinformación y presión económica. Ejemplos claros incluyen la guerra en Ucrania, la injerencia electoral mediante ciberataques o el uso de migración como herramienta de presión geopolítica.

La inteligencia se convierte en la primera línea de defensa, con funciones clave como:

Gestión del Ámbito Ciberespacial

El ciberespacio es hoy un campo de batalla tan decisivo como la tierra, el mar, el aire o el espacio. Los ciberataques pueden paralizar infraestructuras críticas, robar información estratégica o manipular percepciones sociales.

La gestión del ciberespacio implica:

  1. Protección de infraestructuras críticas: sistemas eléctricos, transporte, redes de comunicación.

  2. Ciberdefensa militar: capacidades ofensivas y defensivas frente a ataques estatales y criminales.

  3. Cooperación internacional: compartir inteligencia y protocolos comunes de defensa digital.

  4. Capacitación del personal: formar profesionales especializados en ciberseguridad es un reto estratégico de primer orden.

Gestión del Ámbito Cognitivo

El ámbito cognitivo se refiere al control de percepciones, emociones y narrativas en la población. Las guerras modernas ya no se libran solo con armas, sino con información.

Las campañas de desinformación, la manipulación en redes sociales y la propaganda digital buscan influir en la opinión pública y minar la cohesión social. Gestionar este ámbito supone:

Políticas frente a las Amenazas Híbridas

Para enfrentar este conjunto de riesgos, los Estados y las instituciones deben aplicar políticas integrales que combinen defensa, seguridad, diplomacia y resiliencia social. Algunas de las medidas más relevantes son:

Conclusión

El mundo globalizado, marcado por el paradigma VUCA, exige un enfoque integral de la seguridad y la defensa. La geoestrategia moderna no puede entenderse sin considerar el ciberespacio, el ámbito cognitivo y las amenazas híbridas, que se han convertido en los principales desafíos del siglo XXI.

La inteligencia estratégica, la cooperación internacional y la preparación de recursos humanos altamente cualificados son las claves para preservar la estabilidad y la paz. En este sentido, la formación en seguridad y defensa, junto con la investigación académica y el análisis geopolítico, son pilares fundamentales para anticipar los retos de un mundo incierto y construir un futuro más seguro.

En el tablero geopolítico del siglo XXI, las fronteras entre guerra y paz se han difuminado. Los conflictos ya no se declaran de manera formal, ni se libran únicamente en campos de batalla. Hoy, los Estados y actores no estatales recurren a guerras híbridas, una combinación sofisticada de operaciones militares convencionales, ciberataques, desinformación, presión económica y manipulación política.
Frente a este escenario, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se enfrenta a un reto monumental: adaptar sus estrategias y capacidades para anticipar, disuadir y responder a amenazas que no siempre se pueden identificar como un acto de agresión tradicional.

¿Qué es una guerra híbrida?

La guerra híbrida es un enfoque estratégico que combina herramientas militares y no militares, legales e ilegales, visibles y encubiertas. Entre sus elementos más comunes se incluyen:

Su objetivo principal no es únicamente derrotar al adversario militarmente, sino desestabilizarlo desde dentro, erosionando su cohesión social, política y económica.

El desafío para la OTAN

Históricamente, la OTAN fue concebida como una alianza defensiva para disuadir y responder a agresiones armadas convencionales. El Artículo 5 del Tratado de Washington establece que un ataque contra un miembro es un ataque contra todos.
Pero, ¿qué ocurre cuando el ataque es silencioso, fragmentado y se desarrolla en múltiples frentes no convencionales?

Las guerras híbridas plantean tres grandes retos para la OTAN:

  1. Dificultad de atribución: Determinar quién está detrás de un ciberataque o campaña de desinformación es complejo y puede llevar meses.

  2. Ambigüedad legal: No todas las acciones híbridas cumplen la definición legal de "uso de la fuerza", lo que complica activar mecanismos de defensa colectiva.

  3. Velocidad de respuesta: Mientras la OTAN alcanza consenso político, un ataque híbrido puede haber logrado ya su objetivo.

Ejemplos recientes

La experiencia de la OTAN en los últimos años muestra que las guerras híbridas no son una hipótesis, sino una realidad:

Estrategia de la OTAN frente a la guerra híbrida

La OTAN ha desarrollado un Enfoque Integral de Defensa frente a las amenazas híbridas que combina capacidades militares, inteligencia y cooperación civil. Algunos de sus pilares son:

a) Mejora de las capacidades cibernéticas

b) Fortalecimiento de la resiliencia

c) Respuesta rápida y flexible

d) Cooperación con socios y sector privado

La dimensión informativa: ganar la batalla de la narrativa

En una guerra híbrida, controlar la narrativa es tan importante como la fuerza militar. La OTAN ha comenzado a invertir en contrapropaganda, fact-checking y comunicación estratégica para reducir el impacto de campañas de desinformación.
Esto no solo implica detectar mentiras, sino también generar confianza en la población, clave para evitar que la manipulación externa genere fracturas internas.

Retos pendientes

A pesar de los avances, la OTAN aún enfrenta obstáculos significativos:

Las guerras híbridas han redefinido el concepto de seguridad y defensa. La OTAN ya no puede limitarse a pensar en tanques y misiles; hoy debe vigilar servidores, redes sociales, mercados energéticos y narrativas públicas.
La clave para enfrentarlas será la adaptabilidad, la cooperación internacional y la resiliencia social.
En este nuevo campo de batalla, la victoria no se mide solo en territorio recuperado, sino en la capacidad de proteger la estabilidad y cohesión de las sociedades democráticas.

VI CONGRESO INTERNACIONAL DESAFÍOS A LA SEGURIDAD GLOBAL
En el VI Congreso Internacional Desafíos a la Seguridad Global que realizará INISEG los próximos días 26, 27 y 28 de abril en la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra (con transmisión también vía streaming) se analizará este tema y todas las amenazas y conflictos en el nuevo orden mundial, de la mano del mejor panel de expertos y profesionales. Más información en la web del Congreso #CIS_INISEG22 | https://www.iniseg.es/congreso2022/ 

TRASTORNOS Y DISLOCACIONES GEOPOLÍTICAS DE RUSIA EN EL SIGLO XXI

El fin de la Guerra Fría marcó el dominio unilateral de los EEUU en el contexto internacional, la hegemonía norteamericana se plasmó por su omnipresencia militar en el escenario mundial. Paralelamente la Rusia de Putin ha pretendido asegurar su influencia en el espacio postsoviético. El dramático ascenso de China como potencia militar, política y económica en Asia y su acercamiento al régimen autoritario de Rusia bajo su agresiva política exterior, hecho que se evidencia por su rearme militar, la anexión de Crimea, su rol en la guerra de Ucrania y la exitosa estabilización del gobierno de Siria en plena guerra civil, ha dado lugar a que Antonio Gutierrez, Secretario General de la ONU declarara ya en el 2018 en la Conferencia de Seguridad de Münich, el nivel de alarma roja para el mundo, en virtud del deterioro de las relaciones entre la OTAN y Rusia por los sucesos bélicos suscitados con Ucrania.

El 2015 se formó la Unión Económica Euroasiática conformada hoy por Rusia, Bielorusia, Kazajstán, Kirguistán y Armenia mientras China trabajaba en un megaproyecto, la “Iniciativa de la Ruta de Seda”, un corredor comercial estratégico de carácter geoeconómico, que abarca diversas regiones de distintos continentes. Putin postula el proyecto de fusionar la nueva Ruta de Seda y la Unión Económica Euroasiática bajo el techo de una Gran Sociedad Euroasiática denominada la “Gran Euroasia” que comprendería a 60 países. China y Rusia anhelan una nueva estructura mundial multipolar, que intente superar la hasta ahora hegemonía de Washington y Occidente.

Hoy en día, apreciamos la competencia de grandes y medianas potencias que compiten, cooperan y pelean entre sí por posiciones de liderazgo, tenemos claros testimonios que nuevas potencias mundiales pretenden quebrar el dominio unilateral de EEUU. Tenemos una tendencia a la renacionalización y reondulación de la política internacional alentada por la colisión de intereses. Se aprecia un desplazamiento de poder y una redistribución del mismo entre los Estados, que hacen presagiar una nueva restructuración del sistema internacional. Testimonio elocuente de ello son los países que conforman el bloque formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), todos ellos considerados economías emergentes con un gran potencial, para ser economías dominantes a mediados de siglo, en donde destaca el gigante país de China. Pekín y Moscú postulan una era Post-Occidente.

Paradigmas de las relaciones internacionales en la crisis de Ucrania

Esta segunda agresión militar de Rusia en Ucrania, un país democrático y pacífico, iniciada el 23 de febrero último transgrede la Carta de la ONU y las Convenciones de Ginebra, constituye una flagrante y grotesca violación al derecho internacional y derecho internacional humanitario y la más aguda crisis en las relaciones Este-Oeste desde 1989. Esta invasión militar es el corolario de la anexión de Crimea a Rusia en el 2014 y el permanente apoyo de Moscú a los separatistas rusos en la región de Donbass. Ello obedece a la influencia de identidades y discursos de la élite imperial en la política exterior y de seguridad de Rusia. Las razones que se esgrimen se basan en aferradas creencias, ideologías y mitos. La invasión militar rusa obedece a la influencia de discursos imperiales de la élite, a la reconstrucción de identidades sociales, a contextos y estructuras sociales, a la auto-imágen de una Rusia imperial, al etnocentrismo, a la eslavofilia y al euroasiatismo vs. atlantismo, mientras que, la política exterior rusa se rige por el discurso de idealismo (ideas, arquetipos, valores, auto-imágenes, normas, modelos propios), el derecho de gran potencia, el renacimiento de un modus operandi bolchevique y la utopia de la regresión autoritaria.

Enfoque ofensivo de la política exterior y de seguridad de Rusia en el conflicto

Este es un enfoque impregnado de anarquía, de una política de gran potencia, de una desconfianza abismal, de una primacía de supervivencia del régimen y de intereses estratégicos de las relaciones internacionales. Las grandes potencias son egocéntricas y aspiran insaciablemente al poder y la seguridad. La conducta rusa es la culminación de una rivalidad, que se construyó de una creciente resistencia contra el sistema unipolar, de la competencia de integración entre la Unión Europea y Rusia en el espacio postsoviético y del final del control de armas así como de la proyección de poder militar mutuo.

De las interpretaciones ofensivas se deduce que Rusia no es una potencia del statu quo, es expansionista y no se interesa por los beneficios de la cooperación, porque se ha apartado del mundo euro-atlántico, porque desea revisar la pérdida de estatus tras el fin de la Unión Soviética y porque desea afirmar el espacio postsoviético como una esfera de influencia exclusiva.

Por lo tanto, el conflicto con Occidente no es una cuestión de estrategias y medios, sino de preferencias incompatibles. ¿Quién es la potencia dominante en la región euroasiática? En la interpretación ofensiva Rusia persigue intereses de la hegemonía regional, la edificación de la Unión Económica Euroasiática frente a la UE y la OTAN, una alianza sagrada de los regímenes autoritarios contra las denominadas revoluciones de color.

En consecuencia, Putin se aprovecha de la falta de una política exterior y de seguridad firme y potente de la UE, de sus divisiones internas (Brexit), de las divisiones entre la UE y EEUU, la falta de voluntad de la OTAN para asumir compromisos de seguridad más allá de sus propios miembros y de la conmoción de Occidente ante las armas nucleares rusas. En una visión más amplia, la política rusa refleja el ascenso de nuevas potencias, que quieren replantear la hegemonía internacional hacia en un mundo multipolar y reorientación de Rusia hacia alianzas con estados anti-occidentales.

Putin persigue una política imperial que abarque todo el espacio de la ex Unión Soviética que debe ser dominado política, económica y militarmente, su política exterior se inspira en una tradición expansiva zarista y soviética, el pensamiento imperial, ya sea en forma de restauración o como imperio euroasiático, ha pasado de ser un fenómeno marginal en la década de los 90 a convertirse en una característica permanente del discurso político oficial en Rusia. Pero hay que demostrar hasta qué punto las fantasías imperiales determinan la aplicación de la política exterior y de seguridad, y no sólo el discurso sobre ella. Putin en sus discursos públicos cambia con frecuencia entre el rol de un cínico maquiavélico y de un moralista.

Es difícil decidir qué motivos son originales y cuáles son meramente propagandísticos, en las justificaciones de la proyección del poder ruso se mezclan elementos eclécticos: eslavofilia, etno-nacionalimo, estatismo, euroasismo, anti-americanismo y regresión autoritaria. El euroasismo expresa el temor de tener que seguir los patrones europeos y someterse a un orden militar occidental. Desarrolla imágenes de un estado ruso fuerte y su estatus de gran potencia, en algunas variantes es pragmática, en otras es civilizatoria, sin embargo, como discurso de élite, es sobre todo una llamada emocional al reconocimiento del estatus.

La autoimagen de la élite rusa es de una gran potencia y se refleja en la fijación en el estado, las pretensiones supranacionales de la ortodoxia, la borrosa línea divisoria entre el pueblo ruso y el ethos ruso, en el renacimiento de las tradiciones zaristas y soviéticas, en el discurso de lucha cultural contra las influencias de Occidente, en opinión del Dr. Heinemann-Grüder de la Universidad de Bonn, Rusia tiene una visión de retrofuturo en lugar de futuro. Padece de un eclecticismo retrógrado. Rusia está rodeada de enemigos que tratan de castigar su falta de visión de futuro.

Los esfuerzos de Putin por conseguir la autosuficiencia frente a Occidente, por movilizar políticamente a los rusos en el extranjero cercano y por impedir la expansión de la OTAN o la UE no son idénticos a la ambición imperial. Los imperios suelen extender su poder a espacios territoriales sobre los que no gozan de soberanía, y adquieren una posición hegemónica en uno o varios ámbitos, por ejemplo, económico, político o cultural, para beneficiarse de ellos. El lamento nostálgico por la disolución de la Unión Soviética no es sinónimo de lucha por su restablecimiento. No existe una estrategia ofensiva contra la OTAN, el régimen de Putin a diferencia del nacionalsocialismo no es suicida.

Enfoque defensivo de la política exterior y de seguridad de Rusia en el conflicto

Putin reaccionó a una expansión anterior de Occidente, es decir, a la expansión de la OTAN y la no aceptación de los intereses de seguridad y las esferas de influencia rusas y la falta de voluntad de la UE para coordinar su política de asociación con Rusia. La actuación de Rusia desde su perspectiva defensiva en el conflicto con Ucrania se hubiese podido evitar si Occidente no hubiese extendido la OTAN, ésta no hubiese intervenido en las guerras en Kosovo, Iraq y Libia. La OTAN no hubiese asistido a la oposición en Siria y Occidente hubiese atendido los intereses de Rusia. Para Rusia, Occidente es culpable, ya que ellos quisieron cambiar el status quo.

Rusia no buscó la confrontación, sino que reaccionó después de que su voluntad de hacer concesiones y cooperar no fuera recompensada y se interpretara como debilidad. En la lectura defensiva, Rusia sólo podría recuperar la credibilidad mediante una autoafirmación rotunda. El comportamiento escalador de Rusia sería, por tanto, no solo una expresión de crítica al mundo unipolar y a la supuesta sustitución de la ONU por la OTAN y la UE, como viene denunciando el presidente Putin desde hace tiempo, sino una afirmación militar de su propio estatus. Los esfuerzos de Rusia por crear un contrapeso al dominio político, militar y económico de Occidente en el concierto de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), especialmente girando más hacia China, corresponden a esta interpretación.

Putin logró detener la expansión de la OTAN apoyando a los separatistas en Donbass, que concluyeron en los Acuerdos de Minsk del 12 de febrero de 2015 con la desescalación del conflicto. Desde la perspectiva defensiva la actitud de Rusia no es autista, sino está ligada en función a la actitud de Occidente. Rusia tiene la percepción que una integración de Ucrania a la UE constituiría un ataque a sus intereses vitales. Esta posición defensiva plantea que debería haber habido un equilibrio o balance de intereses con Rusia en la zona de influencia del espacio postsoviético.

Radicalización de la política interior de Rusia y su influencia en la política exterior

La tesis de la continuación de la política interior a través de la política exterior se aplica a las democracias sometidas a limitaciones de legitimidad interna y a estados autoritarios. El hecho de que haya menos liderazgo colectivo en Rusia que en la época soviética y que el complejo militar-industrial se haya convertido en un dominio reservado, exigen una explicación interna. El régimen de Putin se encuentra, pues, en un proceso de auto-radicalización progresiva como resultado de las limitaciones de supervivencia creadas por él mismo, por tanto, el régimen de Putin no se ve amenazado por la orientación de Ucrania hacia la UE, sino por la crisis del autoritarismo blando, por un posible desbordamiento de las protestas de Ucrania y Bielorrusia. La agresiva política exterior de Putin es entonces una expresión de integración nacionalista para distraer de las causas del declive del petroestado ruso y del fracaso de la modernización.

El círculo de los que se benefician del patrocinio y el clientelismo se está estrechando, por lo que la presión interna del sistema está creciendo, sin embargo, es precisamente la mezcla de patronazgo y clientelismo, aparatos de seguridad represivos e integración a través de la militarización lo que garantiza la supervivencia de los autócratas, incluso ante las profundas crisis del régimen.

La disociación de Occidente, la propaganda de guerra en los medios de comunicación y el aumento de la autonomía de los grupos nacionalistas han sido forzados por la guerra de Ucrania, a diferencia del conservadurismo moderado del presidente Medvédev, la agitación y la propaganda nacionalistas durante el tercer y cuarto mandato de Putin se han ampliado hasta convertirse en una lucha integral contra los enemigos internos y externos.

La deidificación o divinización del estado y la afirmación de una vía rusa especial, el nacionalismo cultural, la politización de la ortodoxia y el énfasis en una civilización separada, así como la instrumentalización político-mediática de las imágenes amigo-enemigo se refuerzan mutuamente.

El régimen de Putin se encuentra así en una dinámica de radicalización que resulta de los conflictos endémicos y de las estrategias de conflicto elegidas por él mismo y de la que solo puede salir bajo el precio de una pérdida de prestigio y legitimidad. La evidente discrepancia entre la imagen que se tiene Putin de sí mismo y las limitadas capacidades de gobernanza se traduce, en consecuencia, en un comportamiento externo agresivo.

Fobias y complejos de la generación más vieja en Rusia

Los trágicos acontecimientos en la historia de Rusia durante el siglo XX, las dos guerras mundiales, la guerra civil de 1917 al 1921, el terror estalinista y la hambruna masiva han dejado huellas profundas en la estructura demográfica de la población. Se identifican tres olas demográficas, vale decir tres macrogrupos de la población rusa:

Un primer grupo conformado por la generación más vieja, que comprende a los ciudadanos que han nacido entre 1948 y 1964. Estuvieron inmersos en un período caracterizado por el pico de nacimientos de la posguerra. Vivieron bajo la Cortina de Hierro y el monopolio estatal pleno de los medios, lo que les generó una actitud hostil hacia EEUU y Occidente y abogan hoy por el resurgimiento de la confrontación geopolítica con países europeos bajo la percepción de independencia y soberanía de los estados postsoviéticos. Aplauden la retórica de Putín que se dirige siempre a sus conciudadanos como “pueblo soviético”, el 90 % de las personas mayores de 55 años apoyaron la anexión de Crimea y promueven una política exterior agresiva.

Un segundo grupo conformado por la generación media, constituyen un recodo demográfico de fines de los 60 y comienzo de los 70. Abarca un período de 1960 hasta principios de la década del 2000, caracterizado por la apatía y vacío ideológico en la sociedad, por lo general no se recuerdan de la URSS y solo lo saben por las interesantes historias de sus abuelos que los criaron. Son más móviles y manejan varias lenguas y han tomado conocimiento de los hechos a través del internet y las redes sociales. Tienen más experiencia con las culturas foráneas, son más tolerantes con extranjeros y minorías sexuales y renuentes a la retórica anti-occidental agresiva.

Un tercer grupo conformado por la generación más joven, es el más pequeño en términos de números y comprende a los niños nacidos entre 2008 y 2016. En virtud de su juventud no está aún activa políticamente.

Fuerzas motrices de la políticas de seguridad y exterior de Rusia

El Dr. Igor Gretskiy del Departamento de Estudios Postsoviéticos de la Universidad de St. Petersburgo identifica 4 factores esenciales de la actual política exterior de Rusia.

Un primer factor está determinado por la fuerte impresión del largo dominio soviético, que se traduce en un síndrome post imperial, por la falta de voluntad de las élites políticas que prolonga la despedida del pasado soviético y por la antigua mentalidad soviética, que permanece resistente en las generaciones viejas promoviendo una política exterior neo-imperial

Un segundo factor determinado por la elección del camino más sencillo de las élites, para legitimar su poder. El Kremlin utiliza fácilmente los patrones de comportamiento de la generación más antigua formada en la época soviética. El complejo de inferioridad, el síndrome post imperial y la disciplina del voto son puntos de conexión ideal para las élites. La lealtad a las generaciones viejas es utilizado como método de propaganda por el Kremlin.

Un tercer factor es determinado por la fuerte subida de las reservas de divisas y oro por el mejoramiento del mercado energético mundial, que dio oportunidad a las autoridades rusas de saldar sus deudas con los acreedores de Occidente, generar confianza de sus reservas financieras y poder esquivar cualquier consecuencia negativa en las relaciones con Occidente. Ello incrementó el apetito de Moscú para una aventura en política exterior. En virtud del boom económico de los años 2000, la clase media rusa dominante e independiente propugna una alternativa hacia una política exterior neo-imperial.

Un cuarto factor es determinado por la extrema vulnerabilidad de la estrategia de Occidente frente a Rusia. El embajador estadounidense en Rusia John Beyrle afirma, que “una Rusia débil es la peor pesadilla para los EEUU”, el colapso económico de la superpotencia soviética a fines de los 80 generó enormes riesgos para la seguridad global ante todo por la posible pérdida de control central de las armas nucleares por parte de Moscú. Berlin, Paris y Wahshington han hecho todo lo imposible para evitar la desestabilización de Rusia. El Kremlin aprovecha siempre cínicamente de esta preocupación, vendiendo a Occidente el peligro de una gran guerra nuclear. De esta forma Putin ha evitado estos últimos años sanciones occidentales en sectores económicos sensibles.

Asimetrías económicas y petrocracia en Rusia

Los recuerdos de la vieja generación de la extrema pobreza, corrupción, criminalidad y dependencia estatal permanecen latentes en sus vidas. La coyuntura del mercado de materias primas posibilitó a Rusia pagar rápidamente sus deudas. Hubo una mutación de Rusia de un deudor neto a un acreedor neto. Entre 1998 y el 2008 el precio del petróleo brent crudo se multiplicó 13,5 veces, generando un abundante flujo de petrodólares a Rusia. Hubo una superganancia para las arcas rusas.

En la actualidad, un centenar de multimillonarios rusos, del entorno de Putin, poseen más del 35% de los activos del estado. El proclamado camino de Rusia tanto hacia la democracia como a la economía de mercado no resolvieron los problemas principales del caos, desorden e injustica, la clase media no creció y hasta iba descendiendo. Putin prometió que la clase media hasta el 2020 alcanzaría al 52 % de la población. El cumplimiento de este objetivo del gobierno ruso fracasó por completo.

La élite cleptocrática han adquirido villas en Nueva York y Londres, envían a sus hijos a estudiar a la Universidad de Yale y al London School of Economics y pasan sus vacaciones en sus villas de verano en la Cote d’ Azur y Miami (esta es la única diferencia entre hoy y la era de la Guerra Fría). Desde el 2014, Putin declara frecuentemente, que “es mejor entenderse con Rusia, ya que es una potencia atómica muy poderosa” especulando sobre una confrontación con EEUU e iniciar un conflicto atómico. Ello constituye un acto de terrorismo geopolítico. Putin concentra su retórica ante la generación vieja rusa, utilizando viejos clichés de la era soviética tales como el anti-americanismo y la desintegración de Europa. Es improbable que Putin con sus amenazas frecuentes a Occidente pueda llegar hasta el final.

La posición de la OTAN en el conflicto de Ucrania

La posición de la OTAN el 2014, determinó que Rusia había violado el derecho internacional quebrantando el principio de invulnerabilidad de las fronteras en Europa a través de la violencia militar. El concepto estratégico de la OTAN aprobado el 2010 en Lisboa, determina tres tareas fundamentales para la alianza defensiva, primero la defensa colectiva y disuasiva, segundo la gestión de crisis más allá de las fronteras de la OTAN y tercero la seguridad cooperativa mediante la colaboración con los socios.

El teniente general del ejército alemán y de la OTAN Heinrich Brauss sostiene, que después de la Guerra Fría, enemigos anteriores de la OTAN han sido incorporados a la alianza como nuevos miembros a pesar de las diferencias existentes, con la esperanza de poder abordar conjuntamente temas entrelazados de seguridad y de Rusia, sobre una base de confianza, transparencia y previsibilidad. Hoy rige una gestión dinámica de la disponibilidad de la OTAN focalizada en aspectos de formación, ejercicios y operaciones específicas en regiones de crisis.

Hoy existe una nueva orientación de la política de seguridad de la OTAN, a partir del 2014 hubo una cesura (paréntesis) en su desarrollo debido a la dimensión de la organización por nuevos miembros, por el conflicto de Ucrania, por la percepción de amenaza de los estados del Este de la OTAN y del Sur y Sudeste de Europa, por la percepción de amenaza en la región del Sahel del norte de África, por la percepción percepción de amenaza en el Oriente Medio, por el incremento de organizaciones terroristas del Estado Islámico en Siria y norte de Iraq, teniendo por ello que cumplir varios mandatos de la ONU y la UE, por la epidemia del ébola y luego del coronavirus. Hoy se vislumbra una nueva calidad de amenazas en el contexto internacional, tales como, actores estatales agresivos, inestabilidad en el Sur, terrorismo, migración, amenaza militar de Rusia, guerras híbridas y las ciber-operaciones.

En relación a la estrategia de Rusia, no fue fácil para la OTAN adoptar nuevas orientaciones a pesar de una política confrontacional y la creciente capacidad militar de Rusia desde el 2014 que desde luego no alcanzan a los patrones de la Guerra Fría. Rusia no constituye una amenaza ni económica ni militar para la OTAN con el potencial de EEUU y se presume y deduce que no existe la intención de Rusia de atacar a la OTAN. La intención de Moscú es socavar la unidad de la alianza para ralentizar su capacidad de decisión y actuación.

Rusia ha aplicado una estrategia híbrida mezclando medios no convencionales ni militares, medidas militares subrepticias, propaganda y desinformación, movilización, suministro de armas a los grupos rebeldes y ciberataques contra la infraestructura civil y militar dentro del marco de la “estrategia de defensa activa” diseñada por el Jefe del Estado Mayor General de Rusia Walery Gerasimow en su obra “Reflexiones sobre los conflictos militares futuros”, donde establece las maniobras tácticas orientadas a borrar la línea divisoria entre la paz y el conflicto armado para dificultar o incluso imposibilitar la atribución clara de una agresión a un agresor, no sólo en el ciberespacio, y evitar que se cruce el umbral de ser percibido como un ataque militar abierto que podría desencadenar una respuesta militar. Los instrumentos de la OTAN para monitorear las amenazas híbridas y los ciberataques están contemplados en los programas de la alianza, “Readiness Action Plan”, “Response Force”, “ Defence Investment Pledge” y “UE Global Strategy”.

Reflexión final

La guerra de Putin contra Ucrania ha puesto en evidencia un antagonismo militar, político y etno-cultural, en ella rige un discurso hegemónico monocultural que sustituye al multiculturalismo ruso-ucraniano del pasado, pretendiendo anexar poblaciones que hablen el idioma ruso. Rusia sigue siendo poderosa porque es una potencia nuclear y un petroestado, pero sólo tiene aliados que ya no pueden sostenerse sin la ayuda rusa. Claudia Crawford, directora de la Oficina de Diálogo Multilateral de la Fundación Konrad Adenauer en Viena, sostiene, que lo trágico radica en que la clase política rusa no quiere representar un estado nacional sino un imperio, eso la hace un país paria en las relaciones internacionales. Son tres décadas de territorios bajo el control de separatistas bajo el estado del patrón Rusia.

El conflicto militar en Ucrania y sus alrededores el 2014 no terminó con la victoria de la potencia militarmente superior, sino con victorias pírricas. Rusia anexó Crimea y parte del Donbass para invadir recientemente Donesk y Lugansk, perdiendo a Ucrania como aliado. “Regímenes marioneta” o “protectorados” pueden en el mejor de los casos, ser semisoberanos, pero el dominio de Rusia en la región genera más oposición y protesta que aceptación en todo el orbe.

El conflicto pretende distraer la crisis de legitimación del régimen autocrático. La propaganda del régimen de Putin ha sustituido la pérdida de estatus de Rusia tras la disolución de la Unión Soviética y el malestar generalizado por verse superada económicamente por sus ex aliados de Europa del Este y por China así como la vergüenza no reconocida por los crímenes masivos soviéticos, por el orgullo de la grandeza histórica de Rusia y de la Unión Soviética. A mi juicio, Rusia no logrará la paz mientras siga otorgando a sus vecinos un estatus subordinado.

La actitud frente a los regímenes de facto debe estar inspirada en la democracia, el estado de derecho, la protección de las minorías, la renuncia a la violencia y al acceso de las organizaciones internacionales. En función de su cumplimiento, la política de sanciones y bloqueos podría superarse gradualmente. La Unión Europea debe enviar en las zonas de conflicto postsoviéticas misiones de paz que contribuyan a una solución pacífica, ofreciendo asociarse a cada estado, que esté dispuesto a adoptar las normas y principios de la unión, las ofertas de cooperación de estos estados con la UE pueden conducir a una mayor estabilidad y seguridad en la vecindad con Rusia, precisamente porque el margen de maniobra en Rusia es extremadamente limitado, el éxito de las reformas en los estados postsoviéticos puede tener un impacto positivo en esa extensa nación.

La guerra de Rusia contra Ucrania es una llamada de atención al mundo entero y un catalizador para conocer que no solo existen rivalidades estratégicas geopolíticas en las relaciones internacionales, sino una confrontación de sistemas entre regímenes democráticos y autocráticos.

 

Javier Gamero Kinosita | Oficial (r) de la Policia Nacional peruana

 

Fuentes bibliográficas:

  1. «Lehren aus dem Ukrainekonflikt – Krisen vorbeugen, Gewalt verhindern» (2022) por Andreas Heinemann-Grüder, Claudia Crawford y Tim B. Peters. Editorial Barbara Budrich. Opladen-Berlin-Toronto.
  2. «Putins Demokratur – Was sie für den Westen so gefährlich macht» (2018). Editorial Ullstein SRL. Berlin.
  3. «Generation Putin – Das neue Russland verstehen» (2016). Benjamin Bidder. Editorial Deutsche Verlags-Anstalt, Münich

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VI CONGRESO INTERNACIONAL DESAFÍOS A LA SEGURIDAD GLOBAL
En el VI Congreso Internacional Desafíos a la Seguridad Global que realizará INISEG los próximos días 26, 27 y 28 de abril en la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra (con transmisión también vía streaming) se analizará este tema y todas las amenazas y conflictos en el nuevo orden mundial, de la mano del mejor panel de expertos y profesionales. Más información en la web del Congreso #CIS_INISEG22 | https://www.iniseg.es/congreso2022/ 

Al programar la desaparición del Pacto de Varsovia (1991), el derrumbe de la URSS colocó a los países de Europa del Este ante la obligación de reflexionar sobre la reorganización de su poderío militar. Tuvieron que revitalizar el desarrollo de su capacidad militar, particularmente en las áreas de equipamiento y recursos humanos. Esto explica por qué, desde el 24 de febrero de 2022, Rusia y Ucrania han estado luchando entre sí con equipos de la misma generación en general, con la excepción de municiones específicas (en particular, misiles antitanque) proporcionadas por Occidente en el lado ucraniano. De hecho, Ucrania por sí sola, incapaz de hacer frente a un ejército ruso más poderoso, reitera su llamamiento a la OTAN para que intente equilibrar el equilibrio de poder entre David y Goliat.

Sin embargo, a pesar de estas similitudes, estos dos ejércitos aparentemente organizados por las mismas razones, en última instancia presentan modelos antagónicos porque se preparan y operan según doctrinas diferentes y apuntan a ambiciones políticas opuestas. El estudio comparativo de los volúmenes de capacidad de los dos beligerantes sólo es relevante en la escala de un compromiso regional en una lógica de ambición operativa limitada. Este es particularmente el caso con respecto a la cantidad y calidad de los medios desplegados en este conflicto por la Confederación Rusa.

Nuestro estudio se basará en el análisis de estos datos en el marco de una zona territorial precisa que se puede resumir con el territorio ucraniano. Diseccionando con método y discernimiento los puntos de la fórmula de la capacidad táctica [1], obtendremos un prisma de análisis del combate que nos permita identificar las líneas de fuerza que prevalecen en este enfrentamiento y considerar con mesura las características de un enfrentamiento entre estas dos aparentemente modelos idénticos de ejércitos, pero cuya dimensión política se convierte en vector de antagonismo entre fuerzas.

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Caminos militares comunes pero fines políticos antagónicos

En el espectro de las fuerzas convencionales, Rusia sigue siendo la segunda potencia militar más grande del mundo. Estos últimos le permiten a priori intervenir en todo tipo de áreas diferentes para apoyar una política exterior fuerte. Sin embargo, el redespliegue de la influencia rusa en Oriente Medio y África, mediante una intervención militar directa (Siria) o indirecta (empresa de seguridad privada "Wagner" en RCA y Malí), no debe ni siquiera modificar los objetivos militares rusos fundamentales que tienen como objetivo sobre todo para garantizar la soberanía e integridad territorial de la Confederación.

Asimismo, mantener o incluso aumentar la influencia del país en el “exterior cercano” constituye la esencia de una estrategia, fuera de cualquier marco normativo internacional, que pretende ponerlos bajo su protección y defender los espacios territoriales de habla rusa. Fueron estas ambiciones políticas las que llevaron a la anexión de Crimea en 2014 y a abrir la guerra con Ucrania por los territorios del este (Donbass) cuya independencia Rusia reconoció para hacer provincias ucranianas que puedan ser controladas desde el Kremlin.

Por el contrario, a partir de 2008, el Estado ucraniano tomó la decisión presupuestaria de invertir masivamente en una política de defensa, particularmente en programas de armamento y en el reclutamiento de personal militar. La política de defensa enfatiza entonces el mantenimiento de la soberanía y la capacidad de reacción, en profundidad, ante un posible ataque desde el Este. Para ello, Ucrania adoptó una doctrina, revisada en 2015, que identificaba a Moscú como un “adversario militar potencial”, por lo que pedía una “reforma integral” en el ámbito de la seguridad. Así, para apoyar al sector de la defensa, el gobierno ha comprometido fuerzas para participar en ejercicios bilaterales y multinacionales con el apoyo de la OTAN.

Además, las fuerzas armadas ucranianas han intensificado su proceso de transformación tras la anexión de Crimea en 2014 y el inicio de las tensiones en el este del país, con en particular la aprobación de una nueva estrategia de seguridad nacional en septiembre de 2020. Las reformas apuntan a producir fuerzas armadas y promover el sector de defensa territorial. De hecho, la principal preocupación de seguridad de Ucrania es el apoyo de Rusia a los separatistas en el este del país y su ocupación de Crimea. Los intercambios de fuego esporádicos entre las fuerzas independentistas y las fuerzas ucranianas continuaron hasta 2020. Un nuevo alto el fuego, acordado en julio de 2020, se había violado en varias ocasiones hasta noviembre de 2020.

Estudio comparativo de recursos humanos

 Las fuerzas armadas rusas están compuestas principalmente por soldados activos y reclutados. Las reformas de defensa, iniciadas en 2008, marcaron el cambio de la movilización masiva basada en el servicio militar obligatorio a fuerzas terrestres más pequeñas y profesionalizadas. Así, el ejército ruso suma una plantilla de 900.000 soldados activos que incluyen entre otros 280.000 terrestres, 150.000 marines y 165.000 aéreos. A esto se suma la presencia de 554.000 paramilitares (milicias) y una base de retaguardia de reservistas de todas las armas de 2.000.000 de soldados. Este ejército se divide en cuatro distritos: Este, Oeste, Centro y Sur.

La política de contratación de defensa de Ucrania puede describirse como similar a la de Rusia. De hecho, el ejército ucraniano, que solo puede contar con los contingentes llamados en el marco del servicio militar obligatorio que tiene lugar solo dos veces al año, ha entrado ahora en una política de profesionalización a largo plazo. Suma una plantilla de 209.000 soldados, incluidos entre otros 145.000 terrestres, 11.000 marines y 45.000 aéreos. Se puede sumar la presencia de 102.000 paramilitares (milicias) y 900.000 reservistas. Sin embargo, la estructura de reservas cambia en 2020 para establecer una reserva operativa que se pueda movilizar de manera más eficiente. Así, el ejército ucraniano se está profesionalizando y generando una reserva militar. Este ejército también se divide en cuatro áreas de mando.

El balance de capacidades de poder en los programas de militarización

 Por analogía, Rusia y Ucrania tienen dos modelos similares de ejércitos. Los medios de capacidad han seguido una evolución casi idéntica debido a su historia desde la era soviética, ya sea para armas de contacto, apoyo o en evolución tecnológica con la llegada de los drones por ejemplo.

Desde principios de la década de 1990, Rusia se ha desarrollado constantemente en el campo de las capacidades militares. Continúa modernizándose mediante el diseño, desarrollo y fabricación tanto de armas nucleares como de equipos convencionales de próxima generación. Aunque varios de los objetivos más ambiciosos no se han logrado en el campo de las adquisiciones, el "Programa Estatal de Armamento 2020" ha tenido un gran éxito. De hecho, el sector de la defensa ha tenido un éxito notable en términos de exportaciones, en particular de aviones de combate y sistemas de misiles tierra-aire. A pesar de que su base de defensa industrial sufrió por la falta de inversión en la década de 1990 y, más recientemente, por la pérdida de acceso a los componentes ucranianos, el programa de seguimiento, SAP 2027[2], continúa centrándose en la modernización. Así, desde el final de la era soviética, el proceso de actualización de los tanques solo se ha hecho realmente a partir de 2009 con la aparición del tanque T-72B y luego el T-72B3M en 2016. Dotados de una mayor potencia de fuego y mejor resistencia a los golpes, la actualización del material demuestra ser beneficiosa para el ejército ruso. Según estimaciones de la inteligencia estadounidense, al inicio del conflicto Moscú había concentrado 200.000 efectivos en las fronteras de Ucrania, con unos 5.500 tubos de artillería de todo tipo, de 2.600 a 3.000 tanques, la mitad de los cuales eran de nueva generación a disposición inmediata de las fuerzas activas, a lo que no debe omitirse la incorporación de vehículos blindados de infantería, avanzados sistemas antiaéreos (Pantsir [3]) así como un importante número de buques de guerra en el Mar Negro. Siendo la segunda potencia nuclear del mundo, persigue el desarrollo de armas de alta precisión (en particular supersónicas). Cabe recordar que en esta área no excluye el uso del fuego nuclear para acciones tácticas de menor escala. Así, la combinación de masa y fuego le proporciona una fuerza disuasoria estratégica y táctica de primer orden.

Al mismo tiempo, consciente de los intereses militares en su territorio, el Estado Mayor ucraniano ha invertido económicamente en el proceso de militarización del país. El programa intensifica el desarrollo de fuerzas de operaciones especiales, tropas de artillería y misiles, aviación militar, unidades de defensa aérea y fuerzas de artillería naval y misiles costeros. Ante la amenaza rusa, la modernización de los equipos es una prioridad, particularmente en las fuerzas terrestres con capacidad de artillería y misiles. Los sistemas de artillería de la era soviética todavía se están modernizando mientras se benefician del efecto igualador de su combinación con medios innovadores (acoplamiento artillería-dron). Pero hay un esfuerzo de diseño y producción dirigido a nuevas armas y municiones como cohetes y tubos de artillería que se están desarrollando y probando. Aún en el campo de la artillería, es necesario mejorar los medios de comunicación y reconocimiento. Finalmente, la Fuerza Aérea está desarrollando sus fuerzas de defensa aérea equipadas con misiles, enfatizando la modernización del equipo de la era soviética y la compra de drones, incluidos los sistemas turcos TB2 utilizados principalmente contra objetivos desprotegidos por la defensa antiaérea rusa. Antes del ataque de Rusia, Ucrania tenía 187 aviones, 10 veces menos que Rusia. En cuanto a la armada, ha optado por mejorar sus fuerzas de defensa costera. Para ello, Ucrania ha desarrollado el sistema de misiles antibuque “Neptune” y también ha probado el S-125, que está destinado a neutralizar objetivos de superficie. También se adquirieron vehículos blindados, como el T-72AMT, incluidos vehículos patrulleros protegidos.

A partir de estos elementos, podemos asegurar que el equilibrio general de poder en volumen de capacidad está a favor de los rusos. Sin embargo, incluso si tienen tal poder, el gobierno ruso ha optado por comprometer en Ucrania solo alrededor de dos tercios de sus capacidades (excluyendo las reservas) para lograr una proporción de fuerzas de tres contra uno. De hecho, tienen la seguridad de la superioridad aire-tierra. Pero, el dispositivo ruso sigue debilitado por la contramedida ucraniana que se benefició de la entrega por parte de Occidente de misiles antitanques y antiaéreos y otros equipos de protección personal. A pesar de un equilibrio de poder favorable a los rusos, los ucranianos logran resistir gracias a este apoyo occidental. Como resultado, la maniobra rusa choca con la oposición y corre el riesgo de perder impulso y quedarse sin fuerza.

Doctrinas en confrontación: en el contexto del conflicto ruso-ucraniano

Desde 2014, Moscú ha mantenido su ocupación de Crimea mientras continúa reforzando su presencia militar allí y apoyando a las fuerzas separatistas ubicadas en el Donbass. Es en este contexto que comienza la ofensiva rusa en Ucrania el 24 de febrero de 2022. El presidente V. Putin compromete 200.000 soldados en el lugar. El objetivo es tomar los territorios de habla rusa y presionar a Kiev para obtener una ventaja sobre posibles negociaciones. La operación rusa se divide en tres zonas: asedio de kiev, Donbass, captura de Odessa por el Dnieper. Para compensar los ataques terrestres ralentizados por la defensa de desgaste ucraniana, se establecen operaciones anfibias y aeromóviles en las tácticas ofensivas. Es un ataque tridimensional que utiliza los tres componentes principales del ejército. Frente a la ofensiva rusa, Ucrania tiene sus fuerzas a la defensiva. Sin embargo, hasta la fecha se dispone de poca información sobre este ejército.

Durante esta guerra, los rusos se enfrentan a dos complicaciones principales: el área urbana y el Dnieper. En efecto, en la doctrina rusa, la Artillería debe allanar el camino a la infantería ya los vehículos blindados, retomando la convicción de Stalin de que esta arma es “el dios de la guerra”. Pero ante los riesgos de afectar a las poblaciones y frente a las cuestiones internacionales, V. Poutine optó, en un primer momento, por no emplear esta potencia de fuego, rompiendo así su doctrina militar. Además, debido a los pantanos ubicados al noreste de la capital y rasputitsa, las unidades rusas deben usar las carreteras principales y se encuentran vulnerables a su oponente, incapaces de comprometer sus fuerzas en diferentes puntos tácticos. Siguen la topografía similar a los ejes soviéticos en la Operación Bagration de 1944, lo que sugiere, entonces, que sólo existe esta oportunidad de tomar posesión de esta zona urbana.

En definitiva, dos maniobras se enfrentan. Los rusos están concentrando sus brigadas y realizando un movimiento general en cada zona de combate. Por lo tanto, a pesar de su colosal potencia de fuego y fuerza militar, son menos ágiles y menos efectivos en su avance para romper el frente enemigo. Por el contrario, habiendo aprendido la doctrina ucraniana del Donbass en 2014, las brigadas emplean un combate descentralizado maniobrando en la zona de caza para contrarrestar la fuerza rusa y hostigarla. Por lo tanto, no luchan frontalmente a diferencia de 2014, sino que atacan por la retaguardia con misiles antitanque y lideran una lucha de desgaste y sorpresa para cansar a sus enemigos. Los ucranianos no favorecen el enfoque frontal sino que prefieren maniobrar desde las alas [4]para debilitar a las fuerzas enemigas enfrentadas. Sin embargo, hay que señalar una peculiaridad en el Donbass. El sistema de defensa militar ucraniano establecido en 2014, tras la anexión de Crimea, destaca una dialéctica ofensivo-defensivo en un combate convencional donde la maniobra rusa toma la forma de un combate frontal con enfoque directo.

La disposición de las dos fuerzas antagónicas en el teatro de guerra

Es un estudio que puede orientarse a la luz de las libertades de acción de los beligerantes en territorio ucraniano. Para apoyar este análisis de las dos fuerzas en el contexto de un conflicto, la actualización de la situación del 6 de marzo de 2022 destaca el sistema defensivo ucraniano ante la maniobra de invasión rusa.

Los rusos han comprometido al menos 115 grupos tácticos de armas combinadas repartidos en varias áreas. Están apoyados por brigadas bielorrusas y unidades separatistas. Al norte, en la táctica del Asedio de Kiev, los rusos se enfrentaron a tres ejércitos para rodear un mínimo de cuatro brigadas. Prefieren producir el esfuerzo de cerco de áreas urbanas llevando a cabo una estrategia de ataque en profundidad al territorio para presionar y asfixiar al gobierno ucraniano. En el Frente Oriental, tres ejércitos y dos cuerpos de ejército están tratando de cruzar el glacis defensivo ucraniano compuesto por al menos siete brigadas repartidas por todo el frente y liderando una lucha de desgaste. Finalmente, en el frente sur, las fuerzas rusas controlan la frontera con Moldavia con tres regimientos. A esto se suma un ejército y dos divisiones como mínimo que deben maniobrar para hacerse con el control de Odessa a través de puntos de cruce en el Dniéper. La lucha ucraniana llevada a cabo en la retaguardia impide el avance de los rusos y limita su libertad de acción hasta el punto de comprometer la misión porque ya no pueden concentrar sus esfuerzos.

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En el momento de estos hechos recientes, el teatro operativo permite apoyar la reflexión sobre la forma en que dos fuerzas similares explotan su equipamiento, basado en modelos y logros de la era soviética, así como sus recursos humanos cuyo antagonismo es esencialmente una cuestión de doctrina. El primero lleva a cabo una táctica ofensiva proyectando su esfuerzo en profundidad pero encontraría dificultades en la práctica por una evidente fragilidad en la formación y entrenamiento de los luchadores. El segundo avanza una táctica defensiva utilizando dos estilos de maniobras, frontal o desde las alas, resistiendo al invasor con apoyo occidental indirecto. Podríamos ampliar nuestra reflexión sobre los retos estratégicos de la defensa. Clausewitz y Jomini chocan, uno argumenta que la defensa es más fuerte que la ofensiva y el otro lleva a un análisis de la desventaja de esta posición en la pelea. En efecto, según el contexto actual, el privilegio de la iniciativa del invasor lleva a una fuerza en la concentración de los principios de las acciones tácticas ("principios de la guerra") que obliga a los defensores a encontrar alianzas políticas y a realizar una guerra defensiva pero también una resistencia al desgaste para tratar de recuperar el control de las áreas en disputa.

A pesar de esta vuelta al combate acorazado y mecanizado desaparecido desde los grandes ejercicios de la Guerra Fría, llama la atención que este conflicto combine también la acción en campos inmateriales (información, propaganda) con una rara intensidad. Las fuerzas morales están en el centro de tal reflexión porque las dos doctrinas militares dependen intrínsecamente de cuestiones políticas territoriales pero también internacionales y del fervor de las dos naciones respectivas. Teniendo un valor disuasorio, la presión del hecho político en el ámbito militar impacta necesariamente en la conducción de las operaciones relativas al uso de material de guerra y recursos humanos. La diferencia en las ambiciones políticas, las limitaciones éticas [5]influyen en la opinión pública y la percepción internacional. La diplomacia y la acción armada son partes esenciales del corazón palpitante de la política de guerra.

 

Marie Plus | Profesora de Historia en el CTGHM/CDEC

Miembro del Comité Científico

 

[1]Medios (equipos y personal), organización, doctrina, formación.

[2]Programa de Estabilidad 2021-2027. En Rusia, el aumento de los precios del petróleo y el uso del margen fiscal deberían permitir que la economía se recupere rápidamente.

[3] Vehículo antiaéreo de corto a mediano alcance fabricado por el Complejo Militar-Industrial de Rusia .

[4]Antoine Jomini (1779-1869) afirma que los principios deben dictar dónde debe concentrarse el ejército, en qué dirección debe moverse, qué parte de la posición enemiga debe atacar. Las batallas pasadas han tenido éxito o han fracasado dependiendo de si se libraron de acuerdo con los principios de la guerra.

[5]Por ejemplo: no compromiso de todas las fuerzas de capacidad rusas para preservar las poblaciones.


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TAIWÁN NO ES UCRANIA

El presente artículo de opinión e investigación nada a contracorriente del pensamiento morboso generalizado, a saber, que China indudablemente acabará invadiendo Taiwán por la fuerza de las armas y que, además, lo conseguirá sin ningún tipo de obstáculo venciendo tanto a taiwaneses como a estadounidenses o cualquier otro al que se le ocurra navegar por el estrecho de Formosa cuando se desate el órdago rojo.

A pesar de no ser un tema obviado por los medios de comunicación, la invasión rusa de Ucrania ha devuelto a la actualidad la hipotética futura invasión china de Taiwán. Algunos analistas creen que China está siguiendo muy de cerca el modo en que Estados Unidos actúa ante el desafío planteado por Putin en Ucrania, y que tomará buena nota de la reacción de Washington y de la OTAN ante el oso ruso. Y, a decir verdad, no andan errados. Pero se equivocan al afirmar que la guerra en Ucrania determinará si Pekín decide lanzar o no una invasión anfibia a gran escala contra Taiwán. La razón es que, a pesar de las apariencias, China carece aún de la capacidad militar necesaria para hacerlo en un futuro a corto y medio plazo.

Tras Ucrania, ¿será Taiwán el próximo país en ser invadido? Creemos que no.

OPERACIONES MILITARES DISTINTAS

Cabe recordar que, si bien China puede lanzar una lluvia de misiles y bombas y emplear tácticas de guerra híbrida para debilitar a Taiwán antes de poner pie en la isla, el ejército taiwanés, fuertemente armado, no es el ejército ucraniano y que entre Taiwán y el continente no existe frontera terrestre como entre Rusia y Ucrania sino una franja de mar, el estrecho de Taiwán o Formosa, que sería minado ipso facto por los taiwaneses nada más entrar en guerra. Por tanto, por muy poderosa que China sea, y lo es, si quiere ocupar el territorio insular solo podrá hacerlo si realiza un desembarco anfibio a gran escala, lo cual representa una operación militar totalmente distinta a la que el ejército ruso acomete en suelo ucraniano.

No obstante, el morbo occidental por que se desate un conflicto armado entre las dos orillas del estrecho de Taiwán viene siendo alimentado desde hace años por el Comando del Indo-Pacífico de Estados Unidos, el cual nos advierte de la paulatina creación de las fuerzas necesarias por parte de China para invadir y someter a Taiwán, apuntando a que podría ser tan pronto como 2030. Así, a bote pronto, no parece imposible cumplir con un plazo tan ajustado a tenor de la inquebrantable determinación de China por reunificar Taiwán con el continente y realizar el ansiado sueño de ‘una sola China’. Sin embargo, dicho análisis se basa en una percepción errónea fundamental sobre la capacidad de la Armada china (AEPL) para lanzar un ataque anfibio a gran escala.

Si China lanzara una operación de ese tipo contra Taiwán, cabría formularse las siguientes preguntas: ¿qué necesitaría China en términos de fuerzas de combate y niveles de fuerza? ¿Cuenta con la superioridad numérica y las capacidades militares y logísticas necesarias? De no ser así, ¿cuándo podría tener organizadas esas fuerzas que se contarían por cientos de miles de efectivos y miles de barcos y lanchas de desembarco? Hasta la fecha nadie ha abordado con éxito el estudio de estas cuestiones. Los estudios existentes se han centrado en el cómo, pero no en los requisitos específicos en materia de recursos tanto humanos como materiales necesarios para la invasión.

ANTECEDENTES BÉLICOS DESFAVORABLES

De hecho existen dos precedentes de intentos de invasión fallidos a territorio de la República de China, que no la isla de Taiwán. En 1949, recién terminada la guerra civil en suelo continental entre los comunistas de Mao Zedong y el bando nacionalista del Generalísimo Chiang Kai-shek, el hasta la sazón victorioso Ejército Popular de Liberación (EPL) lanzó el primer asalto anfibio de su historia para tomar el pequeño archipiélago de las islas Quemoy (Kinmen), empezando por la más cercana a la costa, a tan solo 2 km de distancia de Xiamen (Amoy), esta última ya en manos de la RPC.

La Batalla de Quemoy tuvo lugar de los días 25 a 27 de octubre de 1949 y acabó en un completo desastre para las hordas rojas. De los 20.000 efectivos destinados, solo 9000 consiguieron desembarcar. El resultado fue la humillante derrota de tres regimientos del EPL a manos de un contingente nacionalista que, téngase en cuenta, se había retirado a aquella pequeña isla tras sufrir sucesivas derrotas en el continente. El fracaso en la Batalla de Quemoy supuso un duro golpe para la moral del EPL puesto que demostró su incapacidad para llevar a cabo un desembarco anfibio.

El desembarco anfibio fracasado sobre la isla Quemoy/Kinmen.

El segundo desembarco, también fallido, se produjo en la Batalla de la isla Dengbu, en otro archipiélago frente a la ciudad de Ningbo. El conflicto transcurrió del 3 al 5 de noviembre de 1949 y resultó en otra victoria de la República de China. De nuevo, unos 20.000 atacantes sucumbieron ante un número desconocido de defensores nacionalistas, que infligieron una pérdida de 3600 hombres al bando continental, prácticamente la misma cifra que en la batalla de Quemoy (3800). Sin embargo, la República de China se vio forzada a retirarse más tarde cuando el EPL obtuvo la superioridad aérea sobre el archipiélago de Zhoushan (Chusan), quedando la isla Dengbu bajo el control de la República Popular China.

OPERACIÓN CAUSEWAY

Es evidente que por aquel entonces el ejército chino desconocía la existencia del único plan formulado para invadir Taiwán, y si lo conocía no llegó a leerlo. En efecto, el único plan conocido en el mundo que analiza la fuerza militar necesaria para conquistar Taiwán mediante un desembarco fue redactado por el ejército estadounidense hacia el ocaso de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

En 1944, la Operación Causeway fue el plan estadounidense para recuperar Formosa de las garras de 30.000 soldados japoneses que, dicho sea de paso, se encontraban abandonados a su suerte. Con todo, la fuerza de invasión prevista en el plan ascendía a más del doble de los efectivos aliados desembarcados durante el Día D de la Operación Overlord en Normandía —400.000 soldados y marines desplegados mediante 4000 barcos y lanchas de desembarco. No obstante, el plan fue descartado ante la necesidad de concentrar los esfuerzos en la invasión a isla de Luzón.

Para ser justos con el gigante asiático, debemos reconocer que no todo fueron derrotas en su intento por reconquistar Taiwán. En abril de 1950, dentro la campaña por liberar todas las islas del litoral chino aún en manos del Kuomintang, Pekín realizó una operación de desembarco anfibio para ocupar la isla de Hainán, en el sur de China frente al golfo de Tonkín. Aprendida la lección, en aquella ocasión el EPL preparó el asalto a conciencia desde finales de 1949 y lo llevó a cabo con una fuerza de 120.000 atacantes transportada en 2135 juncos, sufriendo solo 4500 bajas mortales frente a la estremecedora cifra de 33.000 muertos del bando nacionalista.

De todas maneras, no debe caerse en la tentación de comparar el exitoso asalto a Hainán, realizado más de 70 años atrás, contra una isla de tamaño inferior, orografía distinta y a muy poca distancia del litoral continental, con la operación requerida para desembarcar en la costa occidental de Taiwán.

DESEMBARCO ESCABROSO Y PACIFICACIÓN COMPLEJA

Volviendo al contexto actual, con una fuerza de defensa potencial de 450.000 soldados taiwaneses, utilizando la proporción clásica de tres atacantes por cada defensor que se enseña en las escuelas de guerra, China necesitaría desplegar, grosso modo, 1,2 millones de efectivos (de una fuerza activa total de más de 2 millones) para invadir Taiwán. Se necesitarían miles de buques y lanchas para desembarcarlos, y hacerlo llevaría semanas incluso si la cifra fuera inferior. Pero lo peor vendría a posteriori. Vencida, hipotéticamente, la resistencia militar taiwanesa, ¿cuántas fuerzas de ocupación serían necesarias para ‘pacificar’ a los taiwaneses? Seguro que en Pekín saben lo que a otros les ha ocurrido en Afganistán e Irak.

Por ahora China posee solo una pequeña fracción de los buques necesarios para ejecutar un desembarco de semejante envergadura y carece de la capacidad para realizarlo en un futuro cercano. Pero la realidad es que tampoco existen planes actuales que sugieran que China tiene la intención de adquirir tal fuerza, si bien es cierto que eso podría cambiar. Tampoco debemos confundir la frenética construcción de portaaviones y buques LHD y la modernización de la AEPL en general como prueba irrefutable de que Pekín está construyendo esa fuerza de combate requerida para la invasión, por la sencilla razón de que los números, a pesar de ser impresionantes, continúan siendo insuficientes.

Con todo, China está realizando avances notables con la puesta en servicio de los buques de asalto anfibio/portahelicópteros Tipo 075 clase Yushen (LHD), de los cuales hasta ahora se han construido tres, uno ya en servicio y los otros dos en diferentes fases de sus pruebas de mar. China prevé construir un total de ocho buques Tipo 075. Ocho unidades, también, son las que China ya ha construido de la clase de buques de asalto anfibio Tipo 071 Yuzhao (LPD). De hecho, a tenor de su clasificación ―buques de asalto anfibio― podemos asegurar que China nunca asaltará Taiwán antes de disponer de una nutrida flota de este tipo de buques.

Ceremonia de entrada en servicio del primer buque LHD de la clase Yushen Tipo 075.

No obstante, teniendo en cuenta que antes de una hipotética invasión la AEPL debe sellar el estrecho de Formosa por el norte y por el sur para impedir que Estados Unidos y los otros miembros del QUAD más comprometidos con la seguridad de Taiwán, como son Japón sobre todo y Australia en menor medida, acudan en ayuda de Taipéi, se hace patente que la mayor parte de estos buques LHD y LPD y sus helicópteros embarcados serían requeridos en operaciones de lucha antisubmarina desde el principio o poco después de iniciarse el asalto a las costas taiwanesas. Otro tanto de lo mismo ocurriría con la flamante flota de portaaviones que Pekín está construyendo. Por tanto, los números siguen sin acompañar los sueños de China.

Asimismo, la orografía de la isla de Taiwán no invita a ningún tipo de asalto anfibio. Los escasos puntos del litoral occidental ideales para un desembarco están cercados por áreas montañosas próximas que se extienden a lo largo de los 400 km de longitud de la isla, con algunas elevaciones que alcanzan los 3000 metros, terreno ideal para que los defensores taiwaneses libren una guerra de guerrillas. Otro detalle sin ‘importancia’: Taiwán carece de la infraestructura necesaria para sostener a más de un millón de invasores y sus necesidades logísticas, muchas de las cuales tendrían que ser suministradas desde el continente.

TAIWÁN Y LA DEFENSA DE ERIZO

Taiwán es un país fuertemente armado. En los últimos años, Taipéi ha suscrito nuevos contratos con Washington para el suministro de equipos y sistemas de armas, entre los que destacan la compra de 66 nuevos F-16 Block 70/72, 4 UAV armados MQ-9B Sea Guardian, 100 lanzaderas de defensa costera para misiles antibuque Harpoon Block II, 11 lanzacohetes múltiples HIMARS para misiles balísticos tácticos ATACMS (con 64 misiles) y 135 misiles aire-superficie SLAM-ER con los que equipar los F-16. Pero la sola compra de ‘sistemas’ no garantiza la disuasión contra China porque el continente aún está más armado que Taiwán. Es por ello que la estrategia basada en la adquisición y el despliegue de sistemas tanto ofensivos como defensivos es insuficiente.

 

Taiwán difícilmente dispondrá de la capacidad de disuadir a China si su disuasión se basa únicamente en el lanzamiento de misiles balísticos y de crucero contra objetivos costeros o interiores en el continente. Tampoco podrá repeler la operación anfibia contra su suelo tan solo por disponer de unos cuantos submarinos o misiles antibuque más en su inventario. Y por lo que respecta a su fuerza aérea, ídem. Sin embargo, por un coste inferior al de la adquisición de los sistemas convencionales clásicos, Taiwán podría erigir una capacidad de defensa de erizo, cuyo propósito, aludiendo metafóricamente a la manera como se defiende este animal, es contrarrestar la estrategia del enemigo e interrumpir cualquier ataque mediante el despliegue de medidas defensivas de grandes proporciones que causarían un graves daños al agresor y así disuadirlo de un posible ataque.

En el caso de Taiwán, esta estrategia defensiva implicaría la combinación de una gran cantidad de drones y vehículos no tripulados junto a misiles antiaéreos y anticarro como los Stinger y los Javelin, así como minas marinas para impedir o penalizar duramente cualquier desembarco anfibio en primera instancia. También se requeriría el uso de operaciones de guerra cibernética y de influencia anticomando y anticontrol, junto al uso intensivo del engaño y la desorientación para interrumpir y confundir el ataque enemigo.

Taiwán debería concentrar sus limitados recursos en alcanzar el grado óptimo de disuasión, y, si esta fracasara, ser capaz de sobrevivir al primer ataque del EPL permaneciendo en condiciones de contragolpear decisivamente mediante el uso de contramedidas electrónicas, sistemas de comunicación descentralizados, con unas fuerzas bien equipadas y entrenadas con gran movilidad y capacidad de ocultación. Un enfoque defensivo de estas características aprovecharía las posibilidades de protección que ofrece la conformación particular de la isla, y por otro lado, aumentaría las capacidades de defensa asimétrica con el fin de desalentar y repeler el mayor tiempo posible el desembarco chino, resistiendo eficazmente a la espera de una intervención del aliado estadounidense o japonés, de ambos, o de una coalición tipo QUAD o AUKUS. Tal estrategia complicaría enormemente cualquier intento de China para tomar la isla manu militari.

OPERACIÓN DE ALTO RIESGO POLÍTICO EN PEKÍN

A diferencia de sus predecesores, el presidente chino Xi Jinping ha demostrado una mayor determinación en el deseo de reunificación. El informe del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista Chino (PCCh) en 2017 demostró dicha determinación y entusiasmo, anunciando que el “gran rejuvenecimiento” de la nación china debe lograrse hacia 2049 (centenario de la RPC), y que la reunificación es condición fundamental para ello. No obstante, es poco probable que el continente tenga alguna intención de buscar la reunificación por la fuerza a corto y medio plazo.

La amenaza de tomar Taiwán por la fuerza puede ser rentable políticamente, pero podría pasar factura al líder chino actual o futuro.

La razón principal es que los riesgos políticos internos son muy altos si el uso de la fuerza no tiene éxito. Y, de hecho, no puede tenerlo. Habiéndose preparado para el conflicto contra el continente durante décadas, Taiwán ha fortalecido su capacidad defensiva. La voluntad democrática de Taiwán es más fuerte que la determinación totalitaria de China. Las encuestas muestran que el 80 por ciento de los taiwaneses están dispuestos a defender la isla por la fuerza. La invasión nunca podría tener éxito porque no solo se trata de un desembarco anfibio que, quizá, pudiera ser exitoso, sino que tras esa operación, de por sí harto compleja, vendría la ocupación y la pacificación del pueblo taiwanés. Imposible no empantanarse en un cenagal tan profundo.

En el contexto del XX Congreso del Partido en 2022, Xi Jinping necesita un entorno político interno estable para garantizar la prolongación de su mandato como Secretario General del PCCh. Una política arriesgada hacia una incursión en Taiwán podría poner en riesgo la estabilidad interna, provocar el descontento público y una reacción violenta que podría acabar con su liderazgo y precipitar la caída del partido comunista en China. El politburó decapitaría sin dilación a cualquier líder que pusiera en peligro la existencia misma del partido.

Todavía existen otras opciones para la reunificación. En China hay quienes sugieren que la posibilidad de una reunificación pacífica aún no se ha perdido por completo y que Taiwán puede ser compelido a reunificarse a través del llamado “modelo Beiping”. Este modelo se basa en el acuerdo alcanzado en 1949 entre el EPL y la guarnición del Kuomintang defensora de Beiping —ahora Beijing, la actual capital— para que los nacionalistas depusieran las armas sin oponer resistencia, evitando así el derramamiento de sangre.

Dicho modelo podría ser una opción a sopesar por Taipéi en el caso de que Pekín, consciente de la imposibilidad práctica de obtener el éxito en la invasión y posterior ocupación de la isla, ideara un ataque parcial a territorio soberano taiwanés, escenificando la sola invasión de las islas Quemoy y Matsu, que ahora sí está capacitada para someterlas por la fuerza. Pero podría no ser necesario emplearla si Taiwán aceptara una solución tipo modelo Beiping, que, además, como contrapartida para Taipéi, incluyera la aceptación tácita de Pekín de no invadir la isla de Taiwán.

Los archipiélagos Quemoy (Kinmen) y Matsu, territorio soberano de la República de China.

Tras esa escenificación se podría alcanzar un alto el fuego muy beneficioso para ambas partes, puesto que China habría demostrado ante su pueblo y el resto del mundo que no bromeaba cuando aseguraba que un día invadiría Taiwán, y para la República de China, la cual conservaría su principal territorio y podría seguir existiendo como nación independiente de facto durante quién sabe cuantos decenios más. Si alguien piensa que esta opción no tiene ningún sentido, entonces es que desconoce por completo la idiosincrasia del pueblo chino y la obsesión de sus líderes por conservar el prestigio, la reputación y las apariencias.

Prestigio, reputación y todos los logros acumulados por la República Popular China desde 1979 ―año en que Deng Xiaoping implementó la política de 'Reforma y Apertura' que convirtió a China en la fábrica del mundo al atraer la mayor inversión extranjera directa de la Historia― serían también las víctimas propiciatorias de una agresión militar a gran escala contra Taiwán. El daño para la economía china sería irreparable, no solo por las duras sanciones económicas que se aplicarían contra Pekín ―de nuevo el paralelismo con Ucrania―, sino porque el primer y mayor afectado por el cierre de la navegación por el estrecho de Taiwán sería la propia China y su economía.

Incluso en el supuesto de que Taipéi cruzara el Rubicón, es decir, si se independizara de China (de la República de China, no de la República Popular a la cual no pertenece ni ha pertenecido nunca) para Pekín sería más rentable mantener la calma o escenificar una invasión de teatro tragicómico como la expuesta arriba. Mientras tanto, China seguirá empleando tácticas híbridas, incluyendo su agresiva diplomacia contra Taiwán, y explorará formas de reunificar la isla con la República Popular sin derramar la sangre de sus hermanos al otro lado del estrecho.

AUTOR:

JUAN JOSÉ ALARCÓN RIUBANYS

BREVE RESEÑA DEL AUTOR:

Profesor de másteres y cursos online para INISEG y la Università Telematica Pegaso. Analista independiente en geopolítica internacional, geoestrategia y terrorismo yihadista. Sus líneas de investigación se centran en China, Asia Central y el Sudeste Asiático. Ha publicado casi un centenar de artículos en español y en inglés sobre geopolítica y terrorismo islamista en China y Asia-Pacífico. Es autor de dos capítulos sobre geopolítica internacional y terrorismo: “Geoestrategia en los mares de China y en Asia Central” y “China y sus estrategias frente al extremismo religioso: infraestructuras, iniciativas económicas y presencia militar en el exterior” (Thomson-Reuters y Wolters-Kluber). Ha pronunciado ponencias en Barcelona, Madrid, Pekín, Buenos Aires, Bucarest y Brasilia en el marco de Congresos, Jornadas y Seminarios organizados por la Universidad de Nebrija, la Universidad Camilo José Cela, la Universidad de Lenguas Extranjeras de Pekín o la Sociedad de Estudios Internacionales (SEI), entre otras instituciones.


Enlaces sugeridos:

China busca pistas sobre Taiwán en la crisis ucrania

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"Taiwán no es Ucrania, pero nuestra preocupación es que China sí sea como Rusia"

https://www.elconfidencial.com/mundo/2022-03-25/taiwan-guerra-ucrania-preocupacion-china-rusia_3398118/

Taiwán y Ucrania

https://www.ultimahora.com/taiwan-y-ucrania-n2992214.html

Después de Ucrania, ¿llega el turno de Taiwán?

https://www.laarena.com.ar/opinion/despues-de-ucrania-llega-el-turno-de-taiwan--20223241330

China dice que mezclar las cuestiones de Taiwán y Ucrania es medir con "doble rasero"

https://es.euronews.com/2022/03/07/ucrania-crisis-china-taiwan

Guerra Rusia-Ucrania: Taiwán dice que enfrenta amenazas similares a las de Kiev

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/guerra-rusia-ucrania-taiwan-dice-que-enfrenta-amenazas-similares-a-las-de-kiev-nid02032022/


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En los últimos días, desde que Rusia, invadió Ucrania, poniendo a Occidente y a Europa al borde de una guerra. Un conflicto en las fronteras de la Unión Europea, que nos recordaban tiempos pasados, en los que Europa y el mundo se desangraba en plena Segunda Guerra Mundial.  La mayoría de los aliados, están convencidos de que el presidente ruso quiere llegar hasta el final y ocupar toda Ucrania, llegando hasta la frontera polaca. En los próximos días los ataques se van a recrudecer, veremos si la estrategia de Putin será controlar solo la parte sur y este del país, la zona de influencia pro rusa o se decantará por una estrategia en la que lanzara toda la fuerza disponible para tomar todo el país, envolviendo y cercando las grandes ciudades.  En este caso, creo que habrá una guerra larga y sangrienta.

Podemos prever tres posibles escenarios en la guerra de Ucrania:

Escenario 1: El Milagro del Dniéper 

Podemos ver, como los ucranianos ayudados por el suministro de armas aliadas, podrían en algún caso frenar el avance ruso. Putin, estando sometido a un gran aislamiento internacional y a las sanciones occidentales, podría replegarse hasta la zona controlada por las fuerzas rusas. Si la intención de Putin es hacer caer el gobierno e instalar un régimen títere, 45 millones de ucranianos lo rechazaran de una forma u otra. Una vez que hemos ido asumiendo en los últimos días que no habrá una intervención militar directa por parte de la OTAN ni la UE, si pensamos que las sanciones y las armas que se les envíen a Ucrania, sin apoyo de tropas será suficiente, nos hemos equivocado del todo. Hemos dejado abandonados a los ucranianos, les damos las armas y miramos desde el otro lado de la frontera como mueren miles de civiles indefensos, mujeres y niños. Esto me recuerda al Pacto de Múnich, el 30 de septiembre de 1938, antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, dejamos abandonados a los checos a su suerte. Las potencias de antaño, Gran Bretaña (Chamberlain) y Francia (Daladier) pensando que así evitaban una guerra, que tarde o temprano iba a estallar, abandonaron a sus aliados, los checos y le vendieron a su suerte, a los alemanes. Hitler acabaría por anexionarse los Sudestes y más tarde invadir toda Checoslovaquia. Si nuestra idea y estrategia es endurecer el precio de la guerra y obligar a Putin a renunciar a ella, es que no hemos aprendido de la historia. Los rusos no renunciarán a Ucrania y a controlar su espacio de influencia eslavo y pro ruso.

Escenario 2:  La guerra se recrudece hasta la ocupación total del país.

Los analistas y estrategas aliados calculan que Kiev podría caer en los próximos días, aunque la capital todavía resiste. Y hace una semana, le daban 5 o 10 días de margen para seguir aguantando la embestida rusa. Si Kiev cae en manos rusas, empezaría una guerra de guerrillas urbana, un nuevo Stalingrado. En dicha guerra urbana, la resistencia ucraniana se podría beneficiar del armamento occidental, como los mísiles tierra-aire Stinger, los mismos que en manos de los muyahidines afganos en los años ochenta, hicieron la vida imposible al ocupante soviético. La estrategia rusa consistiría en estrangular las grandes ciudades ucranianas para forzar su rendición. En el caso de que no se rindieran, el ejército ruso entrará a sangre y fuego y causará un gran número de víctimas civiles. La pregunta sería ¿Los generales rusos están seguros de querer llevar a cabo una guerra urbana, para controlar las grandes ciudades? ¿Están dispuestos a enfrentarse a una guerra de guerrillas, en la que podrían perder cientos de vehículos blindados y carros de combate en las luchas callejeras por el control de las ciudades? A todo ello, veremos si al final, el ejército ruso determinará en las operaciones militares en curso, si su ambición desmedida, en efecto se encaminará en la ocupación y control de toda Ucrania.

Mapa de los bombardeos y avances de Rusia en territorio ucraniano el 28 de febrero. Fuente: https://www.publico.es/internacional/guerra-rusia-ucrania-kiev-moscu-salvan-via-dialogo-bombardeos-rusos-civiles.html

En este caso, si la estrategia fuera la ocupación de todo el país. El nuevo Estado abarcaría desde el Dombás, en la cuenca del Donets, hasta Crimea, incorporando Mariúpol y convirtiendo el Mar de Azov en un mar interior ruso. En su versión más ambiciosa, conectaría con el Transdniéster, la región separatista moldava, y se anexionaría Odesa, privando a Ucrania de una salida al mar. Lo lógico, según este escenario, sería que Putin se anexionará Nueva Rusia, como hizo con Crimea, pero podría también, mantenerla como república satélite. La idea de Putin sería la de controlar la capital, con un gobierno títere, que se comprometiera a no incorporar a Ucrania ni en la UE ni en la OTAN. Para asegurar ese control, Rusia mantendría tropas acuarteladas en Ucrania, pero evitando que patrullasen para no ser blanco del hostigamiento de una resistencia reconvertida en guerrilla. ¿Estaríamos ante un nuevo Afganistán, para el ejército ruso? Antes de la guerra, se plateaba que, en una posible invasión rusa de Ucrania, podrían morir entre 25.000 y 50.000 civiles, entre 5.000 y 25.000 militares ucranianos y entre 3.000 y 10.000 soldados rusos. En lo que levamos de conflicto, esta cifra ya se ha superado. Según fuentes ucranianas, los soldados rusos habrían sufrido más de 11.000 bajas.

Escenario 3: Rusia avanza más allá de Ucrania y desafía directamente a la OTAN.

Algo bastante probable es que, después de Ucrania, Putin tome el control en Moldavia. Ante esta situación, nos encontraríamos en que, Rusia tendría una frontera político-militar continua, que iría desde el Cabo Norte hasta el Mar Negro. De un lado, estarían las tropas rusas y del otro, las tropas de los países miembros de la OTAN. Con lo que Putin podría pensar, analizando sus reacciones, de “intentar dividir a los occidentales” Los Balcanes podrían ser un campo propicio para la agitación”

Soldado ucraniano en una trinchera del frente de batalla. Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60515547

La primera fase de la ofensiva rusa se ha centrado en varios objetivos militares:

  1. Múltiples oleadas de ataques coordinados con misiles de crucero y ataques de artillería contra la infraestructura militar de Ucrania (incluidos aeródromos, instalaciones de radar, cuartel general de fuerzas especiales, aerotransportadas e inteligencia militar, depósitos de municiones, refinerías e instalaciones militares y navales.
  2. Ciberataques a gran escala y guerra electrónica
  3. Asaltos aéreos simultáneos y redadas de fuerzas especiales en zonas apartadas de Ucrania, incluida la captura del aeródromo de Hostomel, de gran importancia estratégica, en las afueras de Kiev.
  4. Un asalto frontal masivo en Donetsk y Luhansk destinado a involucrar a las fuerzas ucranianas en una lucha ofensiva prolongada
  5. Un bloqueo naval parcial de los puertos ucranianos
  6. La captura de varias ciudades ucranianas

¿Cuál está siendo la estrategia militar de Rusia? ¿Hay una resistencia bien coordinada por parte del ejército de Ucrania?

Aunque estamos viendo que las fuerzas del ejército ruso se están enfrentando a una dura oposición y gran resistencia por parte de las tropas ucranianas, los rusos tienen ventajas cruciales en el campo de batalla, incluida la superioridad aérea y el control de algunas zonas estratégicas. El avance del ejército ruso en un ataque simultáneo en diversos frentes de batalla, está obligando a las fuerzas militares ucranianas a responder de forma más esporádica y centrarse en operaciones más defensivas, principalmente en los principales centros urbanos. La estrategia rusa en Ucrania, la podemos plantear como una ofensiva mecanizada, que es algo muy diferente a lo que se estaba esperando por parte de los observadores militares occidentales. Se preveía primero una oleada de ataques aéreos y luego una incursión terrestre. Seguramente el Estado Mayor del Ejército ruso opto por esta opción, para evitar que a Ucrania le diera tiempo de movilizar sus reservas. El concepto no es muy diferente del que uso Hitler en la Segunda Guerra Mundial, con la invasión de Polonia. La tecnología es diferente, pero sigue siendo una guerra relámpago en la que se utiliza la enorme movilidad de los medios rusos, muy superiores a los ucranianos, para sobrepasar todas las defensas y llegar a los puntos críticos de la nación. El presidente Zelenski no ha movilizado al Ejército ni llamado a filas a los reservistas a tiempo, probablemente por no provocar a Rusia, antes de la invasión. Pero Putin, tenía destinadas en la zona de operaciones en las fronteras con Ucrania, fuerzas y equipo militar suficiente para arrollar al país vecino. El ejército ucraniano, resiste con valentía, pero no parece que sea una resistencia a gran escala ni bien organizada, sino más bien una respuesta de algunas fuerzas aisladas. No hay contraofensivas ni líneas de defensa claras. Ucrania por si sola no puede vencer al ejército ruso, pero si continuar resistiendo e infligir un daño relevante al enemigo, de tal forma que el coste que tenga que pagar Putin en casa, ante posibles manifestaciones o revueltas contra la guerra, le fuercen a negociar. Por desgracia, Ucrania, como en el resto del mundo en pleno siglo XXI y en casi todas las sociedades, vivimos en un entorno de desmilitarización y con sociedades alejadas de una auténtica cultura de seguridad y defensa. A pesar de todas las advertencias, Ucrania esta muy mal preparada. No tiene con que hacer frente a las fuerzas rusas, al menos a corto plazo. Por otro lado, el material bélico del que disponen las fuerzas rusas es moderno, pero este lejos de lo que disponen las fuerzas armadas de los países de la OTAN.

En esa capacidad de resistencia del ejército de Ucrania, podríamos decir que, según fuentes del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, en 2020, el Kremlin gastó 61.700 millones de dólares en presupuesto de defensa. Pero en el caso de Ucrania, las cifras no son las mismas; las inversiones para el presupuesto de defensa del país se calculan en unos 5.900 millones de dólares. Al analizar los datos, la superioridad del ejército ruso es evidente. En primer lugar, el nivel de la fuerza aérea, Rusia tiene 772 aviones de combate, frente a los 69 de Ucrania. Rusia también dispone de 1.543 helicópteros, mientras que Ucrania solo cuenta con 112. Hay entre 850.000 y 900.000 soldados rusos, mientras que Ucrania ha aumentado su capacidad para alcanzar los 200.000 soldados. El ejército ruso también está dotado de 12.420 tanques y más de 30.000 vehículos blindados, frente a los 2.596 tanques y 12.300 vehículos blindados del ejército ucraniano. Las fuerzas rusas desde el año 2008 se han estado modernizando, mientras que las de Ucrania son las que quedan de la época soviética, en otras palabras, de los años 80.

Ucrania y Rusia: comparación de la fuerza militar

Por David de Caixal: Historiador Militar. Director del Área de Seguridad y Defensa de INISEG.  Director del Máster de Historia Militar de INISEG / Universidad Pegaso. Director del Grupo de Investigación del CIIA (Centro Internacional de Investigación Avanzada en Seguridad y Defensa de INISEG. Director del Máster de Terrorismo y Geoestrategia Internacional de INISEG / Universidad Pegaso.


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