VI CONGRESO INTERNACIONAL DESAFÍOS A LA SEGURIDAD GLOBAL
En el VI Congreso Internacional Desafíos a la Seguridad Global que realizará INISEG los próximos días 26, 27 y 28 de abril en la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra (con transmisión también vía streaming) se analizará este tema y todas las amenazas y conflictos en el nuevo orden mundial, de la mano del mejor panel de expertos y profesionales. Más información en la web del Congreso #CIS_INISEG22 | https://www.iniseg.es/congreso2022/
La mañana del 18 de marzo, 22 días después de la invasión rusa de Ucrania de 2022, el titular principal de la BBC fue: "Putin elogia la anexión y la guerra de Crimea con lecciones de heroísmo". Las fotos que lo acompañaban incluían imágenes del presidente ruso, Vladimir Putin, ataviado con una chaqueta roja, blanca y azul, hablando con multitudes que lo vitoreaban. El artículo de la BBC detalló a los ciudadanos desconcertados y transportados en autobús para el evento. Los educadores rusos, que hablan de forma anónima, denuncian las lecciones escolares de celebración de la "Primavera de Crimea", y un maestro de Moscú dice: "No me gusta que la historia se use como propaganda. Creo que esto es peligroso, porque hay muchos niños aquí". que tienen parientes en Ucrania. Esto puede provocar conflictos entre los niños [1]".
Mi cuenta de Twitter y muchos medios de noticias se burlaron de la exhibición pública de nacionalidad de Putin. Varias fuentes de tendencia izquierdista mencionaron las similitudes del evento con los mítines de Trump en los EE. UU. ¿Cuáles eran las similitudes? ¿La (supuesta) multitud con el cerebro lavado? ¿El mar de pintura facial, banderas y vestidos rojos, blancos y azules? ¿El “hombre fuerte” que cultiva un culto a la personalidad basado en la propaganda? ¿Una celebración descarada de mentiras? Todo lo anterior.
No encontré el evento tan notable, sino más bien una continua muestra de "grandeza" como el de otros líderes mundiales que intentan "ensalzarse" frente a otros líderes mundiales. Los incesantes desfiles sincronizados de Corea del Norte o los disparos ocasionales de misiles provocan, en el mejor de los casos, un revuelo de inquietud en Estados Unidos. Unas pocas palabras severas de un ayatolá iraní obtienen un titular estadounidense de "noticias de última hora", tal vez. Los convoyes rusos en el borde de un país aspirante a la OTAN, sin embargo, despiertan a los estadounidenses (y a muchos otros). Rusia nunca deja de captar toda la atención de Estados Unidos.
Como estudiosa de la guerra de Vietnam, historiadora cultural, lo que significa que estudio la guerra en la cronología de los eventos y artefactos culturales, en lugar de las fechas de las batallas o la estrategia militar, estoy familiarizada con la Guerra Fría. Estoy familiarizada con las innumerables guerras de poder que Estados Unidos (democracia) y Rusia (comunismo) han librado en los últimos 50 años. Vietnam del Norte contó con el apoyo (rojo) de China durante la Guerra de Vietnam, pero también contó con los AK-47 (rojos) de Rusia. A medida que mi curso de pregrado "Historias de guerra" avanza hacia nuestra unidad de propaganda de la Guerra Fría, las comparaciones son inevitables. Mis estudiantes los están notando: el miedo a la guerra nuclear está llegando a sus comentarios y escritos.
Si bien Rusia técnicamente está peleando con toda la OTAN con su invasión de Ucrania, sabemos que EE. UU. es uno de los objetivos más importantes. Sanciones tras sanciones, gruñidos de Alemania y Francia - estos fueron los primeros pasos para sofocar el avance de Rusia. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, continúa transmitiendo mensajes a Ucrania y al mundo, a veces en tres idiomas, transmitiendo un mensaje firme y una imagen incondicional de liderazgo. Zelenskyy inspira los titulares de "David contra Goliat" en los medios de comunicación estadounidenses, y el sitio de chismes de Hollywood TMZ ("Thirty Mile Zone") ha ido tan lejos como para obtener recomendaciones de casting para una película sobre el conflicto [2]. La avalancha de simpatía y efusión de apoyo a Ucrania ha sido criticada con razón como racista [3]en su urgencia; los refugiados de los conflictos en Siria, por ejemplo, han obtenido mucha menos empatía de Occidente.
Menos notable y tristemente predecible es la continua política divisionista en los Estados Unidos. Si bien las personas razonables deberían poder estar de acuerdo en que la invasión rusa de Ucrania es incorrecta y brutal, muchos políticos y medios de comunicación estadounidenses han intentado irracionalmente convertir el conflicto en un tema partidista. El sitio de noticias culturales de tendencia izquierdista del New York Post , Vulture , publicó un comentario humorístico del escritor Wolfgang Ruth sobre la recitación de la presidenta de la Cámara de Representantes (demócrata), Nancy Pelosi, de un poema de Bono de U2. El poema, en honor al Día de San Patricio, culmina con las líneas finales: " La tristeza y el dolor de Irlanda/ Ahora es Ucrania/ Y el nombre de San Patricio ahora es Zelenskyy [4]". Estas aireadas declaraciones que elogian la solidaridad con Ucrania son performativas, pero al menos transmiten algo parecido a la sinceridad. En un artículo de opinión decididamente menos sincero para el medio de noticias de derecha Fox News, la columnista Liz Peek se enfureció contra la “manifestación” del 18 de marzo de Putin solo el tiempo suficiente para vincularla a los sufragios estadounidenses bajo el poder de la “ élites liberales”, afirmando: “[o] la indignación por la campaña de propaganda de Putin es justa, pero nuestra furia también se dirige a tácticas similares empleadas por las élites liberales en nuestro país […] Esto no es Rusia; la censura no es aceptable [5]”. El tema de la censura que ha indignado a Peek y Fox es una historia no contada de Hunter Biden (el hijo del presidente Biden), una computadora portátil y algún tipo de conexión rusa. Irónicamente, la censura de un gobernador republicano de la palabra "gay [6]" no está bajo la mismo escrutinio.
Cuando crecí en los Estados Unidos, las divisiones entre los partidos políticos no eran tan amplias. Los republicanos y los demócratas podrían al menos estar de acuerdo en los hechos. Esto ya no es así. El éxito anterior de la propaganda estadounidense se está erosionando rápidamente; si la pandemia mundial del Covid-19 no mostró otra cosa a los ciudadanos estadounidenses, fue que muchos sistemas en Estados Unidos están rotos. La atención médica, la educación y la ciencia se convirtieron en temas de debate febril en lugar de una reevaluación mesurada. El eslogan a favor del derecho a decidir “mi cuerpo, mi elección” fue adoptado por personas que sintieron que llevar un trozo de papel sobre la cara infringía sus derechos constitucionales de una manera equivalente al derecho de una mujer a interrumpir un embarazo.
Lo que Estados Unidos no se da cuenta es que Rusia y Estados Unidos no son tan diferentes en su presentación de “la verdad”. Mientras enseñaba en el extranjero en China en 2012, mis alumnos me dijeron que “en las películas rusas, los estadounidenses son siempre los villanos; en las películas estadounidenses, los rusos son los villanos”. Esto se deriva de la Guerra Fría y la “carrera espacial” de la década de 1950, pero el comunismo siempre ha sido una mala palabra (cf. Senador Joseph McCarthy, 1954) en los Estados Unidos. De alguna manera, el socialismo se convirtió en sinónimo de comunismo en los últimos años. En una segunda vuelta electoral muy polémica en mi estado de Georgia, el ahora senador John Ossoff (D) fue calificado de "liberal radical" impulsando una "agenda socialista [7]" por su oponente, el entonces senador David Purdue (R). Purdue no entendió que los programas como el Seguro Social son inherentemente socialistas, pero ese hecho no encajaría en la agenda republicana. O los “hechos alternativos” (mentiras) que el partido ha llevado a perpetuar en los últimos cinco años.
Si bien los "hechos" sobre lo que significa el socialismo en los Estados Unidos palidecen en comparación con la realidad de la invasión rusa de Ucrania, existe el mismo impulso por una realidad alternativa tanto en Rusia como en los Estados Unidos. Y aunque podría decirse que Rusia tiene el alcance estatal más grande con respecto a la represión de la información, tanto Rusia como EE. UU. han permitido espacios equivalentes para que las mentiras y la información errónea se enconen y se propaguen. Estos países en guerra durante tanto tiempo han llegado a tener mucho en común; incluso fueron a la guerra en el mismo país (Afganistán) con efectos desastrosos. Entonces, ¿qué país es verdaderamente el “imperio del mal” y siempre ha habido espacio para que exista solo uno?
Erin R. McCoy, PhD
Enlaces sugeridos:
Putin hails Crimea annexation and war with lessons on heroism
[1] https://www.bbc.com/news/world-europe-60793319
FAN CAST TO PLAY ZELENSKYY IN BIOPICBut, Like, Too Soon, No???
[2] https://www.tmz.com/2022/02/27/jeremy-renner-fan-cast-play-zelenskyy-biopic-movie-ukraine/
‘Double standards’: Western coverage of Ukraine war criticised
[3] https://www.aljazeera.com/news/2022/2/27/western-media-coverage-ukraine-russia-invasion-criticism
Nancy Pelosi Bono poem Ucrania
[4] https://www.vulture.com/2022/03/nancy-pelosi-bono-poem-ucrania.html
Huntergate and Putin remind us of the danger of propaganda
[5] https://www.foxnews.com/opinion/huntergate-putin-danger-propaganda-liz-peek
Florida passes dont say gay bill a pesar de las protestas
[6] https://www.pbs.org/newshour/politics/florida-passes-dont-say-gay-bill-a pesar de las protestas
Campaign check: Perdue accuses opponent of ‘socialist’ agenda
Última hora de la guerra en Ucrania, en directo | La OTAN asegura que Rusia no se está retirando, sino que busca fortalecer su ofensiva en el este
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VI CONGRESO INTERNACIONAL DESAFÍOS A LA SEGURIDAD GLOBAL
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TAIWÁN NO ES UCRANIA
El presente artículo de opinión e investigación nada a contracorriente del pensamiento morboso generalizado, a saber, que China indudablemente acabará invadiendo Taiwán por la fuerza de las armas y que, además, lo conseguirá sin ningún tipo de obstáculo venciendo tanto a taiwaneses como a estadounidenses o cualquier otro al que se le ocurra navegar por el estrecho de Formosa cuando se desate el órdago rojo.
A pesar de no ser un tema obviado por los medios de comunicación, la invasión rusa de Ucrania ha devuelto a la actualidad la hipotética futura invasión china de Taiwán. Algunos analistas creen que China está siguiendo muy de cerca el modo en que Estados Unidos actúa ante el desafío planteado por Putin en Ucrania, y que tomará buena nota de la reacción de Washington y de la OTAN ante el oso ruso. Y, a decir verdad, no andan errados. Pero se equivocan al afirmar que la guerra en Ucrania determinará si Pekín decide lanzar o no una invasión anfibia a gran escala contra Taiwán. La razón es que, a pesar de las apariencias, China carece aún de la capacidad militar necesaria para hacerlo en un futuro a corto y medio plazo.

OPERACIONES MILITARES DISTINTAS
Cabe recordar que, si bien China puede lanzar una lluvia de misiles y bombas y emplear tácticas de guerra híbrida para debilitar a Taiwán antes de poner pie en la isla, el ejército taiwanés, fuertemente armado, no es el ejército ucraniano y que entre Taiwán y el continente no existe frontera terrestre como entre Rusia y Ucrania sino una franja de mar, el estrecho de Taiwán o Formosa, que sería minado ipso facto por los taiwaneses nada más entrar en guerra. Por tanto, por muy poderosa que China sea, y lo es, si quiere ocupar el territorio insular solo podrá hacerlo si realiza un desembarco anfibio a gran escala, lo cual representa una operación militar totalmente distinta a la que el ejército ruso acomete en suelo ucraniano.
No obstante, el morbo occidental por que se desate un conflicto armado entre las dos orillas del estrecho de Taiwán viene siendo alimentado desde hace años por el Comando del Indo-Pacífico de Estados Unidos, el cual nos advierte de la paulatina creación de las fuerzas necesarias por parte de China para invadir y someter a Taiwán, apuntando a que podría ser tan pronto como 2030. Así, a bote pronto, no parece imposible cumplir con un plazo tan ajustado a tenor de la inquebrantable determinación de China por reunificar Taiwán con el continente y realizar el ansiado sueño de ‘una sola China’. Sin embargo, dicho análisis se basa en una percepción errónea fundamental sobre la capacidad de la Armada china (AEPL) para lanzar un ataque anfibio a gran escala.
Si China lanzara una operación de ese tipo contra Taiwán, cabría formularse las siguientes preguntas: ¿qué necesitaría China en términos de fuerzas de combate y niveles de fuerza? ¿Cuenta con la superioridad numérica y las capacidades militares y logísticas necesarias? De no ser así, ¿cuándo podría tener organizadas esas fuerzas que se contarían por cientos de miles de efectivos y miles de barcos y lanchas de desembarco? Hasta la fecha nadie ha abordado con éxito el estudio de estas cuestiones. Los estudios existentes se han centrado en el cómo, pero no en los requisitos específicos en materia de recursos tanto humanos como materiales necesarios para la invasión.
ANTECEDENTES BÉLICOS DESFAVORABLES
De hecho existen dos precedentes de intentos de invasión fallidos a territorio de la República de China, que no la isla de Taiwán. En 1949, recién terminada la guerra civil en suelo continental entre los comunistas de Mao Zedong y el bando nacionalista del Generalísimo Chiang Kai-shek, el hasta la sazón victorioso Ejército Popular de Liberación (EPL) lanzó el primer asalto anfibio de su historia para tomar el pequeño archipiélago de las islas Quemoy (Kinmen), empezando por la más cercana a la costa, a tan solo 2 km de distancia de Xiamen (Amoy), esta última ya en manos de la RPC.
La Batalla de Quemoy tuvo lugar de los días 25 a 27 de octubre de 1949 y acabó en un completo desastre para las hordas rojas. De los 20.000 efectivos destinados, solo 9000 consiguieron desembarcar. El resultado fue la humillante derrota de tres regimientos del EPL a manos de un contingente nacionalista que, téngase en cuenta, se había retirado a aquella pequeña isla tras sufrir sucesivas derrotas en el continente. El fracaso en la Batalla de Quemoy supuso un duro golpe para la moral del EPL puesto que demostró su incapacidad para llevar a cabo un desembarco anfibio.

El segundo desembarco, también fallido, se produjo en la Batalla de la isla Dengbu, en otro archipiélago frente a la ciudad de Ningbo. El conflicto transcurrió del 3 al 5 de noviembre de 1949 y resultó en otra victoria de la República de China. De nuevo, unos 20.000 atacantes sucumbieron ante un número desconocido de defensores nacionalistas, que infligieron una pérdida de 3600 hombres al bando continental, prácticamente la misma cifra que en la batalla de Quemoy (3800). Sin embargo, la República de China se vio forzada a retirarse más tarde cuando el EPL obtuvo la superioridad aérea sobre el archipiélago de Zhoushan (Chusan), quedando la isla Dengbu bajo el control de la República Popular China.
OPERACIÓN CAUSEWAY
Es evidente que por aquel entonces el ejército chino desconocía la existencia del único plan formulado para invadir Taiwán, y si lo conocía no llegó a leerlo. En efecto, el único plan conocido en el mundo que analiza la fuerza militar necesaria para conquistar Taiwán mediante un desembarco fue redactado por el ejército estadounidense hacia el ocaso de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.
En 1944, la Operación Causeway fue el plan estadounidense para recuperar Formosa de las garras de 30.000 soldados japoneses que, dicho sea de paso, se encontraban abandonados a su suerte. Con todo, la fuerza de invasión prevista en el plan ascendía a más del doble de los efectivos aliados desembarcados durante el Día D de la Operación Overlord en Normandía —400.000 soldados y marines desplegados mediante 4000 barcos y lanchas de desembarco. No obstante, el plan fue descartado ante la necesidad de concentrar los esfuerzos en la invasión a isla de Luzón.
Para ser justos con el gigante asiático, debemos reconocer que no todo fueron derrotas en su intento por reconquistar Taiwán. En abril de 1950, dentro la campaña por liberar todas las islas del litoral chino aún en manos del Kuomintang, Pekín realizó una operación de desembarco anfibio para ocupar la isla de Hainán, en el sur de China frente al golfo de Tonkín. Aprendida la lección, en aquella ocasión el EPL preparó el asalto a conciencia desde finales de 1949 y lo llevó a cabo con una fuerza de 120.000 atacantes transportada en 2135 juncos, sufriendo solo 4500 bajas mortales frente a la estremecedora cifra de 33.000 muertos del bando nacionalista.
De todas maneras, no debe caerse en la tentación de comparar el exitoso asalto a Hainán, realizado más de 70 años atrás, contra una isla de tamaño inferior, orografía distinta y a muy poca distancia del litoral continental, con la operación requerida para desembarcar en la costa occidental de Taiwán.
DESEMBARCO ESCABROSO Y PACIFICACIÓN COMPLEJA
Volviendo al contexto actual, con una fuerza de defensa potencial de 450.000 soldados taiwaneses, utilizando la proporción clásica de tres atacantes por cada defensor que se enseña en las escuelas de guerra, China necesitaría desplegar, grosso modo, 1,2 millones de efectivos (de una fuerza activa total de más de 2 millones) para invadir Taiwán. Se necesitarían miles de buques y lanchas para desembarcarlos, y hacerlo llevaría semanas incluso si la cifra fuera inferior. Pero lo peor vendría a posteriori. Vencida, hipotéticamente, la resistencia militar taiwanesa, ¿cuántas fuerzas de ocupación serían necesarias para ‘pacificar’ a los taiwaneses? Seguro que en Pekín saben lo que a otros les ha ocurrido en Afganistán e Irak.
Por ahora China posee solo una pequeña fracción de los buques necesarios para ejecutar un desembarco de semejante envergadura y carece de la capacidad para realizarlo en un futuro cercano. Pero la realidad es que tampoco existen planes actuales que sugieran que China tiene la intención de adquirir tal fuerza, si bien es cierto que eso podría cambiar. Tampoco debemos confundir la frenética construcción de portaaviones y buques LHD y la modernización de la AEPL en general como prueba irrefutable de que Pekín está construyendo esa fuerza de combate requerida para la invasión, por la sencilla razón de que los números, a pesar de ser impresionantes, continúan siendo insuficientes.
Con todo, China está realizando avances notables con la puesta en servicio de los buques de asalto anfibio/portahelicópteros Tipo 075 clase Yushen (LHD), de los cuales hasta ahora se han construido tres, uno ya en servicio y los otros dos en diferentes fases de sus pruebas de mar. China prevé construir un total de ocho buques Tipo 075. Ocho unidades, también, son las que China ya ha construido de la clase de buques de asalto anfibio Tipo 071 Yuzhao (LPD). De hecho, a tenor de su clasificación ―buques de asalto anfibio― podemos asegurar que China nunca asaltará Taiwán antes de disponer de una nutrida flota de este tipo de buques.

No obstante, teniendo en cuenta que antes de una hipotética invasión la AEPL debe sellar el estrecho de Formosa por el norte y por el sur para impedir que Estados Unidos y los otros miembros del QUAD más comprometidos con la seguridad de Taiwán, como son Japón sobre todo y Australia en menor medida, acudan en ayuda de Taipéi, se hace patente que la mayor parte de estos buques LHD y LPD y sus helicópteros embarcados serían requeridos en operaciones de lucha antisubmarina desde el principio o poco después de iniciarse el asalto a las costas taiwanesas. Otro tanto de lo mismo ocurriría con la flamante flota de portaaviones que Pekín está construyendo. Por tanto, los números siguen sin acompañar los sueños de China.
Asimismo, la orografía de la isla de Taiwán no invita a ningún tipo de asalto anfibio. Los escasos puntos del litoral occidental ideales para un desembarco están cercados por áreas montañosas próximas que se extienden a lo largo de los 400 km de longitud de la isla, con algunas elevaciones que alcanzan los 3000 metros, terreno ideal para que los defensores taiwaneses libren una guerra de guerrillas. Otro detalle sin ‘importancia’: Taiwán carece de la infraestructura necesaria para sostener a más de un millón de invasores y sus necesidades logísticas, muchas de las cuales tendrían que ser suministradas desde el continente.
TAIWÁN Y LA DEFENSA DE ERIZO
Taiwán es un país fuertemente armado. En los últimos años, Taipéi ha suscrito nuevos contratos con Washington para el suministro de equipos y sistemas de armas, entre los que destacan la compra de 66 nuevos F-16 Block 70/72, 4 UAV armados MQ-9B Sea Guardian, 100 lanzaderas de defensa costera para misiles antibuque Harpoon Block II, 11 lanzacohetes múltiples HIMARS para misiles balísticos tácticos ATACMS (con 64 misiles) y 135 misiles aire-superficie SLAM-ER con los que equipar los F-16. Pero la sola compra de ‘sistemas’ no garantiza la disuasión contra China porque el continente aún está más armado que Taiwán. Es por ello que la estrategia basada en la adquisición y el despliegue de sistemas tanto ofensivos como defensivos es insuficiente.
Taiwán difícilmente dispondrá de la capacidad de disuadir a China si su disuasión se basa únicamente en el lanzamiento de misiles balísticos y de crucero contra objetivos costeros o interiores en el continente. Tampoco podrá repeler la operación anfibia contra su suelo tan solo por disponer de unos cuantos submarinos o misiles antibuque más en su inventario. Y por lo que respecta a su fuerza aérea, ídem. Sin embargo, por un coste inferior al de la adquisición de los sistemas convencionales clásicos, Taiwán podría erigir una capacidad de defensa de erizo, cuyo propósito, aludiendo metafóricamente a la manera como se defiende este animal, es contrarrestar la estrategia del enemigo e interrumpir cualquier ataque mediante el despliegue de medidas defensivas de grandes proporciones que causarían un graves daños al agresor y así disuadirlo de un posible ataque.
En el caso de Taiwán, esta estrategia defensiva implicaría la combinación de una gran cantidad de drones y vehículos no tripulados junto a misiles antiaéreos y anticarro como los Stinger y los Javelin, así como minas marinas para impedir o penalizar duramente cualquier desembarco anfibio en primera instancia. También se requeriría el uso de operaciones de guerra cibernética y de influencia anticomando y anticontrol, junto al uso intensivo del engaño y la desorientación para interrumpir y confundir el ataque enemigo.
Taiwán debería concentrar sus limitados recursos en alcanzar el grado óptimo de disuasión, y, si esta fracasara, ser capaz de sobrevivir al primer ataque del EPL permaneciendo en condiciones de contragolpear decisivamente mediante el uso de contramedidas electrónicas, sistemas de comunicación descentralizados, con unas fuerzas bien equipadas y entrenadas con gran movilidad y capacidad de ocultación. Un enfoque defensivo de estas características aprovecharía las posibilidades de protección que ofrece la conformación particular de la isla, y por otro lado, aumentaría las capacidades de defensa asimétrica con el fin de desalentar y repeler el mayor tiempo posible el desembarco chino, resistiendo eficazmente a la espera de una intervención del aliado estadounidense o japonés, de ambos, o de una coalición tipo QUAD o AUKUS. Tal estrategia complicaría enormemente cualquier intento de China para tomar la isla manu militari.
OPERACIÓN DE ALTO RIESGO POLÍTICO EN PEKÍN
A diferencia de sus predecesores, el presidente chino Xi Jinping ha demostrado una mayor determinación en el deseo de reunificación. El informe del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista Chino (PCCh) en 2017 demostró dicha determinación y entusiasmo, anunciando que el “gran rejuvenecimiento” de la nación china debe lograrse hacia 2049 (centenario de la RPC), y que la reunificación es condición fundamental para ello. No obstante, es poco probable que el continente tenga alguna intención de buscar la reunificación por la fuerza a corto y medio plazo.

La razón principal es que los riesgos políticos internos son muy altos si el uso de la fuerza no tiene éxito. Y, de hecho, no puede tenerlo. Habiéndose preparado para el conflicto contra el continente durante décadas, Taiwán ha fortalecido su capacidad defensiva. La voluntad democrática de Taiwán es más fuerte que la determinación totalitaria de China. Las encuestas muestran que el 80 por ciento de los taiwaneses están dispuestos a defender la isla por la fuerza. La invasión nunca podría tener éxito porque no solo se trata de un desembarco anfibio que, quizá, pudiera ser exitoso, sino que tras esa operación, de por sí harto compleja, vendría la ocupación y la pacificación del pueblo taiwanés. Imposible no empantanarse en un cenagal tan profundo.
En el contexto del XX Congreso del Partido en 2022, Xi Jinping necesita un entorno político interno estable para garantizar la prolongación de su mandato como Secretario General del PCCh. Una política arriesgada hacia una incursión en Taiwán podría poner en riesgo la estabilidad interna, provocar el descontento público y una reacción violenta que podría acabar con su liderazgo y precipitar la caída del partido comunista en China. El politburó decapitaría sin dilación a cualquier líder que pusiera en peligro la existencia misma del partido.
Todavía existen otras opciones para la reunificación. En China hay quienes sugieren que la posibilidad de una reunificación pacífica aún no se ha perdido por completo y que Taiwán puede ser compelido a reunificarse a través del llamado “modelo Beiping”. Este modelo se basa en el acuerdo alcanzado en 1949 entre el EPL y la guarnición del Kuomintang defensora de Beiping —ahora Beijing, la actual capital— para que los nacionalistas depusieran las armas sin oponer resistencia, evitando así el derramamiento de sangre.
Dicho modelo podría ser una opción a sopesar por Taipéi en el caso de que Pekín, consciente de la imposibilidad práctica de obtener el éxito en la invasión y posterior ocupación de la isla, ideara un ataque parcial a territorio soberano taiwanés, escenificando la sola invasión de las islas Quemoy y Matsu, que ahora sí está capacitada para someterlas por la fuerza. Pero podría no ser necesario emplearla si Taiwán aceptara una solución tipo modelo Beiping, que, además, como contrapartida para Taipéi, incluyera la aceptación tácita de Pekín de no invadir la isla de Taiwán.

Tras esa escenificación se podría alcanzar un alto el fuego muy beneficioso para ambas partes, puesto que China habría demostrado ante su pueblo y el resto del mundo que no bromeaba cuando aseguraba que un día invadiría Taiwán, y para la República de China, la cual conservaría su principal territorio y podría seguir existiendo como nación independiente de facto durante quién sabe cuantos decenios más. Si alguien piensa que esta opción no tiene ningún sentido, entonces es que desconoce por completo la idiosincrasia del pueblo chino y la obsesión de sus líderes por conservar el prestigio, la reputación y las apariencias.
Prestigio, reputación y todos los logros acumulados por la República Popular China desde 1979 ―año en que Deng Xiaoping implementó la política de 'Reforma y Apertura' que convirtió a China en la fábrica del mundo al atraer la mayor inversión extranjera directa de la Historia― serían también las víctimas propiciatorias de una agresión militar a gran escala contra Taiwán. El daño para la economía china sería irreparable, no solo por las duras sanciones económicas que se aplicarían contra Pekín ―de nuevo el paralelismo con Ucrania―, sino porque el primer y mayor afectado por el cierre de la navegación por el estrecho de Taiwán sería la propia China y su economía.
Incluso en el supuesto de que Taipéi cruzara el Rubicón, es decir, si se independizara de China (de la República de China, no de la República Popular a la cual no pertenece ni ha pertenecido nunca) para Pekín sería más rentable mantener la calma o escenificar una invasión de teatro tragicómico como la expuesta arriba. Mientras tanto, China seguirá empleando tácticas híbridas, incluyendo su agresiva diplomacia contra Taiwán, y explorará formas de reunificar la isla con la República Popular sin derramar la sangre de sus hermanos al otro lado del estrecho.
AUTOR:
JUAN JOSÉ ALARCÓN RIUBANYS
BREVE RESEÑA DEL AUTOR:
Profesor de másteres y cursos online para INISEG y la Università Telematica Pegaso. Analista independiente en geopolítica internacional, geoestrategia y terrorismo yihadista. Sus líneas de investigación se centran en China, Asia Central y el Sudeste Asiático. Ha publicado casi un centenar de artículos en español y en inglés sobre geopolítica y terrorismo islamista en China y Asia-Pacífico. Es autor de dos capítulos sobre geopolítica internacional y terrorismo: “Geoestrategia en los mares de China y en Asia Central” y “China y sus estrategias frente al extremismo religioso: infraestructuras, iniciativas económicas y presencia militar en el exterior” (Thomson-Reuters y Wolters-Kluber). Ha pronunciado ponencias en Barcelona, Madrid, Pekín, Buenos Aires, Bucarest y Brasilia en el marco de Congresos, Jornadas y Seminarios organizados por la Universidad de Nebrija, la Universidad Camilo José Cela, la Universidad de Lenguas Extranjeras de Pekín o la Sociedad de Estudios Internacionales (SEI), entre otras instituciones.
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Este Máster en Geoestrategia Internacional y Terrorismo Yihadista está diseñado para dotar al alumno de amplios conocimientos relacionados con cuestiones militares, seguridad nacional, política de defensa, teoría moderna de defensa, conflictos y política internacional, servicios de inteligencia, terrorismo y crimen organizado, industria militar y economía de la defensa, entre otros.
El principal objetivo de este máster es la formación altamente cualificada de profesionales y expertos en la lucha contra el terrorismo yihadista.
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En los últimos días, desde que Rusia, invadió Ucrania, poniendo a Occidente y a Europa al borde de una guerra. Un conflicto en las fronteras de la Unión Europea, que nos recordaban tiempos pasados, en los que Europa y el mundo se desangraba en plena Segunda Guerra Mundial. La mayoría de los aliados, están convencidos de que el presidente ruso quiere llegar hasta el final y ocupar toda Ucrania, llegando hasta la frontera polaca. En los próximos días los ataques se van a recrudecer, veremos si la estrategia de Putin será controlar solo la parte sur y este del país, la zona de influencia pro rusa o se decantará por una estrategia en la que lanzara toda la fuerza disponible para tomar todo el país, envolviendo y cercando las grandes ciudades. En este caso, creo que habrá una guerra larga y sangrienta.
Podemos prever tres posibles escenarios en la guerra de Ucrania:
Escenario 1: El Milagro del Dniéper
Podemos ver, como los ucranianos ayudados por el suministro de armas aliadas, podrían en algún caso frenar el avance ruso. Putin, estando sometido a un gran aislamiento internacional y a las sanciones occidentales, podría replegarse hasta la zona controlada por las fuerzas rusas. Si la intención de Putin es hacer caer el gobierno e instalar un régimen títere, 45 millones de ucranianos lo rechazaran de una forma u otra. Una vez que hemos ido asumiendo en los últimos días que no habrá una intervención militar directa por parte de la OTAN ni la UE, si pensamos que las sanciones y las armas que se les envíen a Ucrania, sin apoyo de tropas será suficiente, nos hemos equivocado del todo. Hemos dejado abandonados a los ucranianos, les damos las armas y miramos desde el otro lado de la frontera como mueren miles de civiles indefensos, mujeres y niños. Esto me recuerda al Pacto de Múnich, el 30 de septiembre de 1938, antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, dejamos abandonados a los checos a su suerte. Las potencias de antaño, Gran Bretaña (Chamberlain) y Francia (Daladier) pensando que así evitaban una guerra, que tarde o temprano iba a estallar, abandonaron a sus aliados, los checos y le vendieron a su suerte, a los alemanes. Hitler acabaría por anexionarse los Sudestes y más tarde invadir toda Checoslovaquia. Si nuestra idea y estrategia es endurecer el precio de la guerra y obligar a Putin a renunciar a ella, es que no hemos aprendido de la historia. Los rusos no renunciarán a Ucrania y a controlar su espacio de influencia eslavo y pro ruso.
Escenario 2: La guerra se recrudece hasta la ocupación total del país.
Los analistas y estrategas aliados calculan que Kiev podría caer en los próximos días, aunque la capital todavía resiste. Y hace una semana, le daban 5 o 10 días de margen para seguir aguantando la embestida rusa. Si Kiev cae en manos rusas, empezaría una guerra de guerrillas urbana, un nuevo Stalingrado. En dicha guerra urbana, la resistencia ucraniana se podría beneficiar del armamento occidental, como los mísiles tierra-aire Stinger, los mismos que en manos de los muyahidines afganos en los años ochenta, hicieron la vida imposible al ocupante soviético. La estrategia rusa consistiría en estrangular las grandes ciudades ucranianas para forzar su rendición. En el caso de que no se rindieran, el ejército ruso entrará a sangre y fuego y causará un gran número de víctimas civiles. La pregunta sería ¿Los generales rusos están seguros de querer llevar a cabo una guerra urbana, para controlar las grandes ciudades? ¿Están dispuestos a enfrentarse a una guerra de guerrillas, en la que podrían perder cientos de vehículos blindados y carros de combate en las luchas callejeras por el control de las ciudades? A todo ello, veremos si al final, el ejército ruso determinará en las operaciones militares en curso, si su ambición desmedida, en efecto se encaminará en la ocupación y control de toda Ucrania.

Mapa de los bombardeos y avances de Rusia en territorio ucraniano el 28 de febrero. Fuente: https://www.publico.es/internacional/guerra-rusia-ucrania-kiev-moscu-salvan-via-dialogo-bombardeos-rusos-civiles.html
En este caso, si la estrategia fuera la ocupación de todo el país. El nuevo Estado abarcaría desde el Dombás, en la cuenca del Donets, hasta Crimea, incorporando Mariúpol y convirtiendo el Mar de Azov en un mar interior ruso. En su versión más ambiciosa, conectaría con el Transdniéster, la región separatista moldava, y se anexionaría Odesa, privando a Ucrania de una salida al mar. Lo lógico, según este escenario, sería que Putin se anexionará Nueva Rusia, como hizo con Crimea, pero podría también, mantenerla como república satélite. La idea de Putin sería la de controlar la capital, con un gobierno títere, que se comprometiera a no incorporar a Ucrania ni en la UE ni en la OTAN. Para asegurar ese control, Rusia mantendría tropas acuarteladas en Ucrania, pero evitando que patrullasen para no ser blanco del hostigamiento de una resistencia reconvertida en guerrilla. ¿Estaríamos ante un nuevo Afganistán, para el ejército ruso? Antes de la guerra, se plateaba que, en una posible invasión rusa de Ucrania, podrían morir entre 25.000 y 50.000 civiles, entre 5.000 y 25.000 militares ucranianos y entre 3.000 y 10.000 soldados rusos. En lo que levamos de conflicto, esta cifra ya se ha superado. Según fuentes ucranianas, los soldados rusos habrían sufrido más de 11.000 bajas.
Escenario 3: Rusia avanza más allá de Ucrania y desafía directamente a la OTAN.
Algo bastante probable es que, después de Ucrania, Putin tome el control en Moldavia. Ante esta situación, nos encontraríamos en que, Rusia tendría una frontera político-militar continua, que iría desde el Cabo Norte hasta el Mar Negro. De un lado, estarían las tropas rusas y del otro, las tropas de los países miembros de la OTAN. Con lo que Putin podría pensar, analizando sus reacciones, de “intentar dividir a los occidentales” Los Balcanes podrían ser un campo propicio para la agitación”

Soldado ucraniano en una trinchera del frente de batalla. Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60515547
La primera fase de la ofensiva rusa se ha centrado en varios objetivos militares:
¿Cuál está siendo la estrategia militar de Rusia? ¿Hay una resistencia bien coordinada por parte del ejército de Ucrania?
Aunque estamos viendo que las fuerzas del ejército ruso se están enfrentando a una dura oposición y gran resistencia por parte de las tropas ucranianas, los rusos tienen ventajas cruciales en el campo de batalla, incluida la superioridad aérea y el control de algunas zonas estratégicas. El avance del ejército ruso en un ataque simultáneo en diversos frentes de batalla, está obligando a las fuerzas militares ucranianas a responder de forma más esporádica y centrarse en operaciones más defensivas, principalmente en los principales centros urbanos. La estrategia rusa en Ucrania, la podemos plantear como una ofensiva mecanizada, que es algo muy diferente a lo que se estaba esperando por parte de los observadores militares occidentales. Se preveía primero una oleada de ataques aéreos y luego una incursión terrestre. Seguramente el Estado Mayor del Ejército ruso opto por esta opción, para evitar que a Ucrania le diera tiempo de movilizar sus reservas. El concepto no es muy diferente del que uso Hitler en la Segunda Guerra Mundial, con la invasión de Polonia. La tecnología es diferente, pero sigue siendo una guerra relámpago en la que se utiliza la enorme movilidad de los medios rusos, muy superiores a los ucranianos, para sobrepasar todas las defensas y llegar a los puntos críticos de la nación. El presidente Zelenski no ha movilizado al Ejército ni llamado a filas a los reservistas a tiempo, probablemente por no provocar a Rusia, antes de la invasión. Pero Putin, tenía destinadas en la zona de operaciones en las fronteras con Ucrania, fuerzas y equipo militar suficiente para arrollar al país vecino. El ejército ucraniano, resiste con valentía, pero no parece que sea una resistencia a gran escala ni bien organizada, sino más bien una respuesta de algunas fuerzas aisladas. No hay contraofensivas ni líneas de defensa claras. Ucrania por si sola no puede vencer al ejército ruso, pero si continuar resistiendo e infligir un daño relevante al enemigo, de tal forma que el coste que tenga que pagar Putin en casa, ante posibles manifestaciones o revueltas contra la guerra, le fuercen a negociar. Por desgracia, Ucrania, como en el resto del mundo en pleno siglo XXI y en casi todas las sociedades, vivimos en un entorno de desmilitarización y con sociedades alejadas de una auténtica cultura de seguridad y defensa. A pesar de todas las advertencias, Ucrania esta muy mal preparada. No tiene con que hacer frente a las fuerzas rusas, al menos a corto plazo. Por otro lado, el material bélico del que disponen las fuerzas rusas es moderno, pero este lejos de lo que disponen las fuerzas armadas de los países de la OTAN.
En esa capacidad de resistencia del ejército de Ucrania, podríamos decir que, según fuentes del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, en 2020, el Kremlin gastó 61.700 millones de dólares en presupuesto de defensa. Pero en el caso de Ucrania, las cifras no son las mismas; las inversiones para el presupuesto de defensa del país se calculan en unos 5.900 millones de dólares. Al analizar los datos, la superioridad del ejército ruso es evidente. En primer lugar, el nivel de la fuerza aérea, Rusia tiene 772 aviones de combate, frente a los 69 de Ucrania. Rusia también dispone de 1.543 helicópteros, mientras que Ucrania solo cuenta con 112. Hay entre 850.000 y 900.000 soldados rusos, mientras que Ucrania ha aumentado su capacidad para alcanzar los 200.000 soldados. El ejército ruso también está dotado de 12.420 tanques y más de 30.000 vehículos blindados, frente a los 2.596 tanques y 12.300 vehículos blindados del ejército ucraniano. Las fuerzas rusas desde el año 2008 se han estado modernizando, mientras que las de Ucrania son las que quedan de la época soviética, en otras palabras, de los años 80.
Ucrania y Rusia: comparación de la fuerza militar

Por David de Caixal: Historiador Militar. Director del Área de Seguridad y Defensa de INISEG. Director del Máster de Historia Militar de INISEG / Universidad Pegaso. Director del Grupo de Investigación del CIIA (Centro Internacional de Investigación Avanzada en Seguridad y Defensa de INISEG. Director del Máster de Terrorismo y Geoestrategia Internacional de INISEG / Universidad Pegaso.
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