Tecnofeudalismo

Tecnofeudalismo: sus consecuencias para la sociedad

En síntesis, gracias a nuestro trabajo invisibilizado y gratuito, las aplicaciones y plataformas son más eficientes modelando conductas en los usuarios y, simultáneamente, pueden rentabilizar con mayor éxito estas conductas. Control social y acumulación de beneficios en una sola pasada. Así podemos definir el tecnofeudalismo.

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La creación y adopción de neologismos -a veces algo rebuscados- para referirnos a los momentos históricos por los que ha atravesado o atraviesa la economía regional, nacional y global son algo bastante popularizado. La academia y los medios de comunicación suelen ser sus principales promotores. En algunas ocasiones, estos conceptos están cargados de optimismo sobre el futuro de la economía. En otras, son pesimistas al borde de lo catastrófico. Como sea, todos nacen de esfuerzos por describir con precisión la tendencia predominante dentro de la economía global actual.

Dentro de ese universo, una de las etiquetas más lúcidas que han irrumpido en el último tiempo y que, paradójicamente no goza de una difusión tan amplia, es la de tecnofeudalismo, introducida por el economista y profesor universitario francés Cédric Durand. Puede que el motivo de su difusión limitada sea el hecho de que, para muchos expertos, el momento económico actual aún cabe dentro de la etapa que arranca entre las décadas de los 70 y 80 del siglo XX y que es conocida como capitalismo financiero. Sin embargo, desde el auge de las puntocom, pasando por la anunciada Revolución Industrial 4.0, hasta el crecimiento exponencial de las finanzas digitales o Fintech, todo sugiere que transitamos hacia transformaciones significativas de la economía global.

Época feudal

Hay quienes suelen imaginar la Edad Media como un periodo oscuro de la historia de Europa y el mundo. Pero lo cierto es que esa época, en particular su etapa tardía, registró notables avances intelectuales y tecnológicos. El filósofo Francis Bacon, con agudeza, apuntaba en su Novum Organum que “la imprenta, la pólvora para cañón y la brújula” habían cambiado “la faz del mundo”. De hecho, estas mismas innovaciones medievales fueron las que permitieron dar el salto económico y cultural que permitiría sentar las bases del Renacimiento.

El Renacimiento, por su parte, modificaría las estructuras sociales y políticas en una profundidad tal que conllevaría el derrumbe del sistema feudal y el nacimiento de lo que hoy entendemos como Edad Moderna.

El derrumbe del sistema feudal significó el fin de una férrea organización social y política basada en el señorío de unos pocos sobre la servidumbre de la mayoría. La Modernidad introdujo progresivamente nuevas formaciones sociales que instalarían los pilares de los Estados de derecho, la igualdad política y la libertad individual, lo que nos aleja drásticamente de la servidumbre feudal.

Sin embargo, hay autores que han comenzado a esbozar una teoría interpretativa sobre la economía global actual -o al menos sobre uno de sus sectores más pujantes y con mayor proyección futura-, que desliza la idea de que estaríamos siendo arrastrados a una época pre-moderna de la mano de las más notorias compañías tech. De ahí que acuñen el neologismo tecnofeudalismo para referirse a un fenómeno en el que convergen el auge de monopolios que escapan a toda regulación, el control social por parte de corporaciones y nuevas formas de  rentabilización.

La teoría del tecnofeudalismo, a primera impresión, puede parecer una teoría conspirativa más, pero lo cierto es que esta no nace de sitios especializados en la difusión de fake-news, sino que ha tenido su origen en la academia. Es, de hecho, sostenida por economistas y sociólogos, por lo que vale la pena detenerse, con juicio crítico y reflexivo, un momento en ella.

Compañías tech, monopolios, control y acumulación

Con el boom de la economía puntocom en la década del 90 del siglo pasado, se alimentó la idea de que el ingreso al mundo empresarial podía democratizarse gracias a Internet. En principio, cualquiera podía, con una buena idea y poco capital inicial, levantar una startup. La ideología Sillicon Valley sugería, básicamente, que todos podíamos convertirnos en Bill Gates. La crisis del puntocom en 1997 echó abajo ese entusiasmo tempranamente y solo dejó a un puñado de grandes compañías tech, en su mayoría estadounidenses, dominando el rubro: Google, Facebook, Microsoft, Amazon y Uber.

Esta consolidación de un oligopolio que opera a escala global es preocupante, pero no necesaria y exclusivamente porque se perjudique al libre mercado. Las consecuencias parecen ir incluso más allá del plano económico, extendiendo su influencia al plano social e incluso político. ¿De qué modo? Pues con un mecanismo simultáneo en el que convergen, en una especie de bucle, control social y acumulación. Veamos cómo funciona.

Cada vez somos más dependientes de distintas aplicaciones y plataformas digitales. No las abandonaremos porque ello supone desde aislarnos o, en tiempos de pandemia, no poder acceder a servicios o bienes esenciales. Estamos sujetos a ellas, tal como antaño los siervos a la gleba. Al conectarnos a estas plataformas, nuestros movimientos en las redes dejan una huella digital. Esta huella digital se puede traducir en datos. Estos datos, por su volumen, se convierten en Big Data, que es almacenado en la nube de cada aplicación o plataforma.

Esta valiosa información permite a las corporaciones detrás de estos servicios, obtener un beneficio inédito que ya hubieran querido tener los servicios de inteligencia de cualquier régimen autoritario: un acabado conocimiento de las subjetividades y la conducta social. Este conocimiento permite optimizar los algoritmos detrás de cada servicio digital. Y esa mejora permite a los algoritmos ser mucho más certeros al momento de, por ejemplo, ofrecernos un producto.

En síntesis, gracias a nuestro trabajo invisibilizado y gratuito, las aplicaciones y plataformas son más eficientes, modelando conductas en los usuarios y, simultáneamente, pueden rentabilizar con mayor éxito estas conductas. Control social y acumulación de beneficios en una sola pasada. Así podemos definir el tecnofeudalismo.

Impactos sociales del tecnofeudalismo

Que las empresas se orienten a la búsqueda de beneficios no tiene nada de ilegítimo ni ilegal. Pero, ¿es deseable para la sociedad que esto se consiga a costa de la acumulación de datos de las conductas sociales que son reflejo de los deseos, intereses y expectativas de los usuarios? ¿Quién controla al que controla?

Pues lo cierto es que, por el momento, nadie controla a los tecnofeudos de forma seria. En la actualidad, se trata de monopolios que se instalan por sobre la regulación de los Estados-Nación modernos. Son compañías que se mueven al filo de lo ético al momento de modelar conductas sociales por medio de plataformas que difícilmente podemos abandonar cuando no hay alternativas. Y ponen en jaque la transparencia y apertura de las sociedades abiertas y democráticas, al mantener en la opacidad el uso real que dan a los datos de los usuarios, la forma de operar de sus algoritmos y los mecanismos de rentabilización.

Este último aspecto también genera bastante preocupación. Hoy, los señores feudales detrás de estas megas compañías tech, generan enormes tasas de ganancia. Estos beneficios aumentan en la medida que las aplicaciones, plataformas y la industria tecnológica en general, optimizan sus procesos gracias a los datos que generan sus usuarios-siervos. Luego, la automatización de los procesos productivos se acelera gracias a millones de trabajadores voluntarios que, eventualmente, quedarán desplazados por robots que ellos mismos ayudaron a crear, cosa que ya se advierte con el teletrabajo. Todo un desafío para los servicios sociales.

Estos problemas pueden parecer lejanos, pero por la velocidad de su crecimiento están a la vuelta de la esquina. Por ello urge que los Estados pongan atención a estos feudos que, pese a su apariencia hipermoderna, al parecer tienen potencial de hacernos retroceder a tiempos pre-modernos.


Fuentes utilizadas en este artículo:

https://blogs.elconfidencial.com/mercados/perlas-de-kike/2014-02-17/la-teoria-del-tecnofeudalismo_90213/

https://vientosur.info/tecnofeudalismo-la-nueva-gleba-digital/

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20180704/45629291529/la-aristocracia-digital-nos-explota-y-ya-no-nos-deja-salidas.html

https://addi.ehu.es/bitstream/handle/10810/49937/22197-86532-1-PB_5.pdf?sequence=1&isAllowed=y

http://enebro.pntic.mec.es/~phum0000/cts/bacon.htm


Acerca del Autor de este Artículo

ANDRÉS FONSECA LÓPEZ

Licenciado en Filosofía, Máster en Psicología, Posgrado en Trabajo Social, Diplomado en Políticas Sociales, Pobreza y Territorio, Diplomado en Derechos Humanos de los Grupos en Situación de Vulnerabilidad.


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