Consejos de seguridad en la nube

 

Trabajar en la nube es una práctica cada vez más habitual. Tanto trabajadores como empresas encuentran en esa plataforma accesible y flexible una herramienta bien adaptada a un contexto laboral y un entorno de trabajo que depende en mayor y mayor medida de la tecnología y de los ecosistemas digitales.

 

Y es que la digitalización se ha convertido en los últimos tiempos —y a la vista de las actuales circunstancias—, no ya en una pauta recomendable, en algo a lo que aspirar, o en lo que invertir para implantar en el futuro, si no en una acuciante necesidad de primer orden.

 

Servicios como la nube, que se presentan como herramientas imprescindibles en el proceso de transición al que se enfrentan numerosas empresas en la actualidad, ofrece, no hay duda de ello, un amplio espectro de posibilidades, especialmente en lo que a gestión de archivos y documentos se refiere. Se trata de una herramienta llena de ventajas, pero también una abierta a múltiples riesgos.

 

No hay que ponerse alarmista. Es cierto que las amenazas existen; y es cierto también que éstas son cada vez más numerosas y cada vez tienen más potencial de afectar a cuestiones esenciales de nuestro negocio (como es el caso de la privacidad o la protección de datos) que podrían generar perjuicios económicos considerables o pérdidas de reputación. Sin embargo, con una adecuada protección y el seguimiento de unos cuantos consejos, podríamos minimizar esos riesgos a un estándar aceptable, disponiendo así de un sistema más seguro y de garantías.

 

Lo primero a tener en cuenta en este sentido es asegurarse de que los servidores a los que confiemos los datos se encuentren en países que cuenten con las garantías legales exigibles en materia de protección de la privacidad y garantizar todas las conexiones mediante el uso de un servidor VPN que nos permita utilizar una encriptación fuerte, esto evitará que el proveedor pueda acceder al contenido de las comunicaciones. Si somos una empresa, será importante también organizar y gestionar de manera eficaz la responsabilidad, los papeles y los accesos que se otorgan a los trabajadores que usan estas redes. Estableciendo protocolos seguros tendremos más posibilidades de resolver este desafío con éxito (para esto es importante controlar las entradas al sistema y, si se confía a terceros como proveedores, exigir siempre consentimiento). Por supuesto, blindar los traspasos de información será otra cuestión a tener muy presente en este sentido.

 

Saber identificar las posibles amenazas y a los agentes que las dirigen es otra de las facultades cruciales en la lucha contra el ciber-crimen en la nube. Una adecuada formación del personal en esta materia podría marcar la diferencia entre ser víctimas o héroes en una situación de ataque.

 

Además, estrategias como establecer contraseñas robustas y diversas, como ya hemos dicho, encriptar los datos de nuestras comunicaciones —existen varias aplicaciones y programas para hacerlo—, limitar y clasificar nuestra información apartando de la nube aquellos archivos y documentos más delicados, así como revisar las configuraciones preestablecidas de los programas o servicios que utilizamos (prestando especial atención a los apartados relativos a privacidad, protección de datos y seguridad) o hacer uso de sistemas de seguridad específicos para la nube, y mantenerlos los sistemas siempre bien actualizados, pueden ser todas buenas medidas básicas adicionales a tener en cuenta para disfrutar de las nuevas herramientas que la tecnología pone a nuestra disposición de manera más eficaz y segura.


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