El conflicto de Ucrania, el síndrome post imperial de Rusia y terrorismo geopolítico

VI CONGRESO INTERNACIONAL DESAFÍOS A LA SEGURIDAD GLOBAL
En el VI Congreso Internacional Desafíos a la Seguridad Global que realizará INISEG los próximos días 26, 27 y 28 de abril en la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra (con transmisión también vía streaming) se analizará este tema y todas las amenazas y conflictos en el nuevo orden mundial, de la mano del mejor panel de expertos y profesionales. Más información en la web del Congreso #CIS_INISEG22 | https://www.iniseg.es/congreso2022/ 

TRASTORNOS Y DISLOCACIONES GEOPOLÍTICAS DE RUSIA EN EL SIGLO XXI

El fin de la Guerra Fría marcó el dominio unilateral de los EEUU en el contexto internacional, la hegemonía norteamericana se plasmó por su omnipresencia militar en el escenario mundial. Paralelamente la Rusia de Putin ha pretendido asegurar su influencia en el espacio postsoviético. El dramático ascenso de China como potencia militar, política y económica en Asia y su acercamiento al régimen autoritario de Rusia bajo su agresiva política exterior, hecho que se evidencia por su rearme militar, la anexión de Crimea, su rol en la guerra de Ucrania y la exitosa estabilización del gobierno de Siria en plena guerra civil, ha dado lugar a que Antonio Gutierrez, Secretario General de la ONU declarara ya en el 2018 en la Conferencia de Seguridad de Münich, el nivel de alarma roja para el mundo, en virtud del deterioro de las relaciones entre la OTAN y Rusia por los sucesos bélicos suscitados con Ucrania.

El 2015 se formó la Unión Económica Euroasiática conformada hoy por Rusia, Bielorusia, Kazajstán, Kirguistán y Armenia mientras China trabajaba en un megaproyecto, la “Iniciativa de la Ruta de Seda”, un corredor comercial estratégico de carácter geoeconómico, que abarca diversas regiones de distintos continentes. Putin postula el proyecto de fusionar la nueva Ruta de Seda y la Unión Económica Euroasiática bajo el techo de una Gran Sociedad Euroasiática denominada la “Gran Euroasia” que comprendería a 60 países. China y Rusia anhelan una nueva estructura mundial multipolar, que intente superar la hasta ahora hegemonía de Washington y Occidente.

Hoy en día, apreciamos la competencia de grandes y medianas potencias que compiten, cooperan y pelean entre sí por posiciones de liderazgo, tenemos claros testimonios que nuevas potencias mundiales pretenden quebrar el dominio unilateral de EEUU. Tenemos una tendencia a la renacionalización y reondulación de la política internacional alentada por la colisión de intereses. Se aprecia un desplazamiento de poder y una redistribución del mismo entre los Estados, que hacen presagiar una nueva restructuración del sistema internacional. Testimonio elocuente de ello son los países que conforman el bloque formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), todos ellos considerados economías emergentes con un gran potencial, para ser economías dominantes a mediados de siglo, en donde destaca el gigante país de China. Pekín y Moscú postulan una era Post-Occidente.

Paradigmas de las relaciones internacionales en la crisis de Ucrania

Esta segunda agresión militar de Rusia en Ucrania, un país democrático y pacífico, iniciada el 23 de febrero último transgrede la Carta de la ONU y las Convenciones de Ginebra, constituye una flagrante y grotesca violación al derecho internacional y derecho internacional humanitario y la más aguda crisis en las relaciones Este-Oeste desde 1989. Esta invasión militar es el corolario de la anexión de Crimea a Rusia en el 2014 y el permanente apoyo de Moscú a los separatistas rusos en la región de Donbass. Ello obedece a la influencia de identidades y discursos de la élite imperial en la política exterior y de seguridad de Rusia. Las razones que se esgrimen se basan en aferradas creencias, ideologías y mitos. La invasión militar rusa obedece a la influencia de discursos imperiales de la élite, a la reconstrucción de identidades sociales, a contextos y estructuras sociales, a la auto-imágen de una Rusia imperial, al etnocentrismo, a la eslavofilia y al euroasiatismo vs. atlantismo, mientras que, la política exterior rusa se rige por el discurso de idealismo (ideas, arquetipos, valores, auto-imágenes, normas, modelos propios), el derecho de gran potencia, el renacimiento de un modus operandi bolchevique y la utopia de la regresión autoritaria.

Enfoque ofensivo de la política exterior y de seguridad de Rusia en el conflicto

Este es un enfoque impregnado de anarquía, de una política de gran potencia, de una desconfianza abismal, de una primacía de supervivencia del régimen y de intereses estratégicos de las relaciones internacionales. Las grandes potencias son egocéntricas y aspiran insaciablemente al poder y la seguridad. La conducta rusa es la culminación de una rivalidad, que se construyó de una creciente resistencia contra el sistema unipolar, de la competencia de integración entre la Unión Europea y Rusia en el espacio postsoviético y del final del control de armas así como de la proyección de poder militar mutuo.

De las interpretaciones ofensivas se deduce que Rusia no es una potencia del statu quo, es expansionista y no se interesa por los beneficios de la cooperación, porque se ha apartado del mundo euro-atlántico, porque desea revisar la pérdida de estatus tras el fin de la Unión Soviética y porque desea afirmar el espacio postsoviético como una esfera de influencia exclusiva.

Por lo tanto, el conflicto con Occidente no es una cuestión de estrategias y medios, sino de preferencias incompatibles. ¿Quién es la potencia dominante en la región euroasiática? En la interpretación ofensiva Rusia persigue intereses de la hegemonía regional, la edificación de la Unión Económica Euroasiática frente a la UE y la OTAN, una alianza sagrada de los regímenes autoritarios contra las denominadas revoluciones de color.

En consecuencia, Putin se aprovecha de la falta de una política exterior y de seguridad firme y potente de la UE, de sus divisiones internas (Brexit), de las divisiones entre la UE y EEUU, la falta de voluntad de la OTAN para asumir compromisos de seguridad más allá de sus propios miembros y de la conmoción de Occidente ante las armas nucleares rusas. En una visión más amplia, la política rusa refleja el ascenso de nuevas potencias, que quieren replantear la hegemonía internacional hacia en un mundo multipolar y reorientación de Rusia hacia alianzas con estados anti-occidentales.

Putin persigue una política imperial que abarque todo el espacio de la ex Unión Soviética que debe ser dominado política, económica y militarmente, su política exterior se inspira en una tradición expansiva zarista y soviética, el pensamiento imperial, ya sea en forma de restauración o como imperio euroasiático, ha pasado de ser un fenómeno marginal en la década de los 90 a convertirse en una característica permanente del discurso político oficial en Rusia. Pero hay que demostrar hasta qué punto las fantasías imperiales determinan la aplicación de la política exterior y de seguridad, y no sólo el discurso sobre ella. Putin en sus discursos públicos cambia con frecuencia entre el rol de un cínico maquiavélico y de un moralista.

Es difícil decidir qué motivos son originales y cuáles son meramente propagandísticos, en las justificaciones de la proyección del poder ruso se mezclan elementos eclécticos: eslavofilia, etno-nacionalimo, estatismo, euroasismo, anti-americanismo y regresión autoritaria. El euroasismo expresa el temor de tener que seguir los patrones europeos y someterse a un orden militar occidental. Desarrolla imágenes de un estado ruso fuerte y su estatus de gran potencia, en algunas variantes es pragmática, en otras es civilizatoria, sin embargo, como discurso de élite, es sobre todo una llamada emocional al reconocimiento del estatus.

La autoimagen de la élite rusa es de una gran potencia y se refleja en la fijación en el estado, las pretensiones supranacionales de la ortodoxia, la borrosa línea divisoria entre el pueblo ruso y el ethos ruso, en el renacimiento de las tradiciones zaristas y soviéticas, en el discurso de lucha cultural contra las influencias de Occidente, en opinión del Dr. Heinemann-Grüder de la Universidad de Bonn, Rusia tiene una visión de retrofuturo en lugar de futuro. Padece de un eclecticismo retrógrado. Rusia está rodeada de enemigos que tratan de castigar su falta de visión de futuro.

Los esfuerzos de Putin por conseguir la autosuficiencia frente a Occidente, por movilizar políticamente a los rusos en el extranjero cercano y por impedir la expansión de la OTAN o la UE no son idénticos a la ambición imperial. Los imperios suelen extender su poder a espacios territoriales sobre los que no gozan de soberanía, y adquieren una posición hegemónica en uno o varios ámbitos, por ejemplo, económico, político o cultural, para beneficiarse de ellos. El lamento nostálgico por la disolución de la Unión Soviética no es sinónimo de lucha por su restablecimiento. No existe una estrategia ofensiva contra la OTAN, el régimen de Putin a diferencia del nacionalsocialismo no es suicida.

Enfoque defensivo de la política exterior y de seguridad de Rusia en el conflicto

Putin reaccionó a una expansión anterior de Occidente, es decir, a la expansión de la OTAN y la no aceptación de los intereses de seguridad y las esferas de influencia rusas y la falta de voluntad de la UE para coordinar su política de asociación con Rusia. La actuación de Rusia desde su perspectiva defensiva en el conflicto con Ucrania se hubiese podido evitar si Occidente no hubiese extendido la OTAN, ésta no hubiese intervenido en las guerras en Kosovo, Iraq y Libia. La OTAN no hubiese asistido a la oposición en Siria y Occidente hubiese atendido los intereses de Rusia. Para Rusia, Occidente es culpable, ya que ellos quisieron cambiar el status quo.

Rusia no buscó la confrontación, sino que reaccionó después de que su voluntad de hacer concesiones y cooperar no fuera recompensada y se interpretara como debilidad. En la lectura defensiva, Rusia sólo podría recuperar la credibilidad mediante una autoafirmación rotunda. El comportamiento escalador de Rusia sería, por tanto, no solo una expresión de crítica al mundo unipolar y a la supuesta sustitución de la ONU por la OTAN y la UE, como viene denunciando el presidente Putin desde hace tiempo, sino una afirmación militar de su propio estatus. Los esfuerzos de Rusia por crear un contrapeso al dominio político, militar y económico de Occidente en el concierto de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), especialmente girando más hacia China, corresponden a esta interpretación.

Putin logró detener la expansión de la OTAN apoyando a los separatistas en Donbass, que concluyeron en los Acuerdos de Minsk del 12 de febrero de 2015 con la desescalación del conflicto. Desde la perspectiva defensiva la actitud de Rusia no es autista, sino está ligada en función a la actitud de Occidente. Rusia tiene la percepción que una integración de Ucrania a la UE constituiría un ataque a sus intereses vitales. Esta posición defensiva plantea que debería haber habido un equilibrio o balance de intereses con Rusia en la zona de influencia del espacio postsoviético.

Radicalización de la política interior de Rusia y su influencia en la política exterior

La tesis de la continuación de la política interior a través de la política exterior se aplica a las democracias sometidas a limitaciones de legitimidad interna y a estados autoritarios. El hecho de que haya menos liderazgo colectivo en Rusia que en la época soviética y que el complejo militar-industrial se haya convertido en un dominio reservado, exigen una explicación interna. El régimen de Putin se encuentra, pues, en un proceso de auto-radicalización progresiva como resultado de las limitaciones de supervivencia creadas por él mismo, por tanto, el régimen de Putin no se ve amenazado por la orientación de Ucrania hacia la UE, sino por la crisis del autoritarismo blando, por un posible desbordamiento de las protestas de Ucrania y Bielorrusia. La agresiva política exterior de Putin es entonces una expresión de integración nacionalista para distraer de las causas del declive del petroestado ruso y del fracaso de la modernización.

El círculo de los que se benefician del patrocinio y el clientelismo se está estrechando, por lo que la presión interna del sistema está creciendo, sin embargo, es precisamente la mezcla de patronazgo y clientelismo, aparatos de seguridad represivos e integración a través de la militarización lo que garantiza la supervivencia de los autócratas, incluso ante las profundas crisis del régimen.

La disociación de Occidente, la propaganda de guerra en los medios de comunicación y el aumento de la autonomía de los grupos nacionalistas han sido forzados por la guerra de Ucrania, a diferencia del conservadurismo moderado del presidente Medvédev, la agitación y la propaganda nacionalistas durante el tercer y cuarto mandato de Putin se han ampliado hasta convertirse en una lucha integral contra los enemigos internos y externos.

La deidificación o divinización del estado y la afirmación de una vía rusa especial, el nacionalismo cultural, la politización de la ortodoxia y el énfasis en una civilización separada, así como la instrumentalización político-mediática de las imágenes amigo-enemigo se refuerzan mutuamente.

El régimen de Putin se encuentra así en una dinámica de radicalización que resulta de los conflictos endémicos y de las estrategias de conflicto elegidas por él mismo y de la que solo puede salir bajo el precio de una pérdida de prestigio y legitimidad. La evidente discrepancia entre la imagen que se tiene Putin de sí mismo y las limitadas capacidades de gobernanza se traduce, en consecuencia, en un comportamiento externo agresivo.

Fobias y complejos de la generación más vieja en Rusia

Los trágicos acontecimientos en la historia de Rusia durante el siglo XX, las dos guerras mundiales, la guerra civil de 1917 al 1921, el terror estalinista y la hambruna masiva han dejado huellas profundas en la estructura demográfica de la población. Se identifican tres olas demográficas, vale decir tres macrogrupos de la población rusa:

Un primer grupo conformado por la generación más vieja, que comprende a los ciudadanos que han nacido entre 1948 y 1964. Estuvieron inmersos en un período caracterizado por el pico de nacimientos de la posguerra. Vivieron bajo la Cortina de Hierro y el monopolio estatal pleno de los medios, lo que les generó una actitud hostil hacia EEUU y Occidente y abogan hoy por el resurgimiento de la confrontación geopolítica con países europeos bajo la percepción de independencia y soberanía de los estados postsoviéticos. Aplauden la retórica de Putín que se dirige siempre a sus conciudadanos como “pueblo soviético”, el 90 % de las personas mayores de 55 años apoyaron la anexión de Crimea y promueven una política exterior agresiva.

Un segundo grupo conformado por la generación media, constituyen un recodo demográfico de fines de los 60 y comienzo de los 70. Abarca un período de 1960 hasta principios de la década del 2000, caracterizado por la apatía y vacío ideológico en la sociedad, por lo general no se recuerdan de la URSS y solo lo saben por las interesantes historias de sus abuelos que los criaron. Son más móviles y manejan varias lenguas y han tomado conocimiento de los hechos a través del internet y las redes sociales. Tienen más experiencia con las culturas foráneas, son más tolerantes con extranjeros y minorías sexuales y renuentes a la retórica anti-occidental agresiva.

Un tercer grupo conformado por la generación más joven, es el más pequeño en términos de números y comprende a los niños nacidos entre 2008 y 2016. En virtud de su juventud no está aún activa políticamente.

Fuerzas motrices de la políticas de seguridad y exterior de Rusia

El Dr. Igor Gretskiy del Departamento de Estudios Postsoviéticos de la Universidad de St. Petersburgo identifica 4 factores esenciales de la actual política exterior de Rusia.

Un primer factor está determinado por la fuerte impresión del largo dominio soviético, que se traduce en un síndrome post imperial, por la falta de voluntad de las élites políticas que prolonga la despedida del pasado soviético y por la antigua mentalidad soviética, que permanece resistente en las generaciones viejas promoviendo una política exterior neo-imperial

Un segundo factor determinado por la elección del camino más sencillo de las élites, para legitimar su poder. El Kremlin utiliza fácilmente los patrones de comportamiento de la generación más antigua formada en la época soviética. El complejo de inferioridad, el síndrome post imperial y la disciplina del voto son puntos de conexión ideal para las élites. La lealtad a las generaciones viejas es utilizado como método de propaganda por el Kremlin.

Un tercer factor es determinado por la fuerte subida de las reservas de divisas y oro por el mejoramiento del mercado energético mundial, que dio oportunidad a las autoridades rusas de saldar sus deudas con los acreedores de Occidente, generar confianza de sus reservas financieras y poder esquivar cualquier consecuencia negativa en las relaciones con Occidente. Ello incrementó el apetito de Moscú para una aventura en política exterior. En virtud del boom económico de los años 2000, la clase media rusa dominante e independiente propugna una alternativa hacia una política exterior neo-imperial.

Un cuarto factor es determinado por la extrema vulnerabilidad de la estrategia de Occidente frente a Rusia. El embajador estadounidense en Rusia John Beyrle afirma, que “una Rusia débil es la peor pesadilla para los EEUU”, el colapso económico de la superpotencia soviética a fines de los 80 generó enormes riesgos para la seguridad global ante todo por la posible pérdida de control central de las armas nucleares por parte de Moscú. Berlin, Paris y Wahshington han hecho todo lo imposible para evitar la desestabilización de Rusia. El Kremlin aprovecha siempre cínicamente de esta preocupación, vendiendo a Occidente el peligro de una gran guerra nuclear. De esta forma Putin ha evitado estos últimos años sanciones occidentales en sectores económicos sensibles.

Asimetrías económicas y petrocracia en Rusia

Los recuerdos de la vieja generación de la extrema pobreza, corrupción, criminalidad y dependencia estatal permanecen latentes en sus vidas. La coyuntura del mercado de materias primas posibilitó a Rusia pagar rápidamente sus deudas. Hubo una mutación de Rusia de un deudor neto a un acreedor neto. Entre 1998 y el 2008 el precio del petróleo brent crudo se multiplicó 13,5 veces, generando un abundante flujo de petrodólares a Rusia. Hubo una superganancia para las arcas rusas.

En la actualidad, un centenar de multimillonarios rusos, del entorno de Putin, poseen más del 35% de los activos del estado. El proclamado camino de Rusia tanto hacia la democracia como a la economía de mercado no resolvieron los problemas principales del caos, desorden e injustica, la clase media no creció y hasta iba descendiendo. Putin prometió que la clase media hasta el 2020 alcanzaría al 52 % de la población. El cumplimiento de este objetivo del gobierno ruso fracasó por completo.

La élite cleptocrática han adquirido villas en Nueva York y Londres, envían a sus hijos a estudiar a la Universidad de Yale y al London School of Economics y pasan sus vacaciones en sus villas de verano en la Cote d’ Azur y Miami (esta es la única diferencia entre hoy y la era de la Guerra Fría). Desde el 2014, Putin declara frecuentemente, que “es mejor entenderse con Rusia, ya que es una potencia atómica muy poderosa” especulando sobre una confrontación con EEUU e iniciar un conflicto atómico. Ello constituye un acto de terrorismo geopolítico. Putin concentra su retórica ante la generación vieja rusa, utilizando viejos clichés de la era soviética tales como el anti-americanismo y la desintegración de Europa. Es improbable que Putin con sus amenazas frecuentes a Occidente pueda llegar hasta el final.

La posición de la OTAN en el conflicto de Ucrania

La posición de la OTAN el 2014, determinó que Rusia había violado el derecho internacional quebrantando el principio de invulnerabilidad de las fronteras en Europa a través de la violencia militar. El concepto estratégico de la OTAN aprobado el 2010 en Lisboa, determina tres tareas fundamentales para la alianza defensiva, primero la defensa colectiva y disuasiva, segundo la gestión de crisis más allá de las fronteras de la OTAN y tercero la seguridad cooperativa mediante la colaboración con los socios.

El teniente general del ejército alemán y de la OTAN Heinrich Brauss sostiene, que después de la Guerra Fría, enemigos anteriores de la OTAN han sido incorporados a la alianza como nuevos miembros a pesar de las diferencias existentes, con la esperanza de poder abordar conjuntamente temas entrelazados de seguridad y de Rusia, sobre una base de confianza, transparencia y previsibilidad. Hoy rige una gestión dinámica de la disponibilidad de la OTAN focalizada en aspectos de formación, ejercicios y operaciones específicas en regiones de crisis.

Hoy existe una nueva orientación de la política de seguridad de la OTAN, a partir del 2014 hubo una cesura (paréntesis) en su desarrollo debido a la dimensión de la organización por nuevos miembros, por el conflicto de Ucrania, por la percepción de amenaza de los estados del Este de la OTAN y del Sur y Sudeste de Europa, por la percepción de amenaza en la región del Sahel del norte de África, por la percepción percepción de amenaza en el Oriente Medio, por el incremento de organizaciones terroristas del Estado Islámico en Siria y norte de Iraq, teniendo por ello que cumplir varios mandatos de la ONU y la UE, por la epidemia del ébola y luego del coronavirus. Hoy se vislumbra una nueva calidad de amenazas en el contexto internacional, tales como, actores estatales agresivos, inestabilidad en el Sur, terrorismo, migración, amenaza militar de Rusia, guerras híbridas y las ciber-operaciones.

En relación a la estrategia de Rusia, no fue fácil para la OTAN adoptar nuevas orientaciones a pesar de una política confrontacional y la creciente capacidad militar de Rusia desde el 2014 que desde luego no alcanzan a los patrones de la Guerra Fría. Rusia no constituye una amenaza ni económica ni militar para la OTAN con el potencial de EEUU y se presume y deduce que no existe la intención de Rusia de atacar a la OTAN. La intención de Moscú es socavar la unidad de la alianza para ralentizar su capacidad de decisión y actuación.

Rusia ha aplicado una estrategia híbrida mezclando medios no convencionales ni militares, medidas militares subrepticias, propaganda y desinformación, movilización, suministro de armas a los grupos rebeldes y ciberataques contra la infraestructura civil y militar dentro del marco de la “estrategia de defensa activa” diseñada por el Jefe del Estado Mayor General de Rusia Walery Gerasimow en su obra “Reflexiones sobre los conflictos militares futuros”, donde establece las maniobras tácticas orientadas a borrar la línea divisoria entre la paz y el conflicto armado para dificultar o incluso imposibilitar la atribución clara de una agresión a un agresor, no sólo en el ciberespacio, y evitar que se cruce el umbral de ser percibido como un ataque militar abierto que podría desencadenar una respuesta militar. Los instrumentos de la OTAN para monitorear las amenazas híbridas y los ciberataques están contemplados en los programas de la alianza, “Readiness Action Plan”, “Response Force”, “ Defence Investment Pledge” y “UE Global Strategy”.

Reflexión final

La guerra de Putin contra Ucrania ha puesto en evidencia un antagonismo militar, político y etno-cultural, en ella rige un discurso hegemónico monocultural que sustituye al multiculturalismo ruso-ucraniano del pasado, pretendiendo anexar poblaciones que hablen el idioma ruso. Rusia sigue siendo poderosa porque es una potencia nuclear y un petroestado, pero sólo tiene aliados que ya no pueden sostenerse sin la ayuda rusa. Claudia Crawford, directora de la Oficina de Diálogo Multilateral de la Fundación Konrad Adenauer en Viena, sostiene, que lo trágico radica en que la clase política rusa no quiere representar un estado nacional sino un imperio, eso la hace un país paria en las relaciones internacionales. Son tres décadas de territorios bajo el control de separatistas bajo el estado del patrón Rusia.

El conflicto militar en Ucrania y sus alrededores el 2014 no terminó con la victoria de la potencia militarmente superior, sino con victorias pírricas. Rusia anexó Crimea y parte del Donbass para invadir recientemente Donesk y Lugansk, perdiendo a Ucrania como aliado. “Regímenes marioneta” o “protectorados” pueden en el mejor de los casos, ser semisoberanos, pero el dominio de Rusia en la región genera más oposición y protesta que aceptación en todo el orbe.

El conflicto pretende distraer la crisis de legitimación del régimen autocrático. La propaganda del régimen de Putin ha sustituido la pérdida de estatus de Rusia tras la disolución de la Unión Soviética y el malestar generalizado por verse superada económicamente por sus ex aliados de Europa del Este y por China así como la vergüenza no reconocida por los crímenes masivos soviéticos, por el orgullo de la grandeza histórica de Rusia y de la Unión Soviética. A mi juicio, Rusia no logrará la paz mientras siga otorgando a sus vecinos un estatus subordinado.

La actitud frente a los regímenes de facto debe estar inspirada en la democracia, el estado de derecho, la protección de las minorías, la renuncia a la violencia y al acceso de las organizaciones internacionales. En función de su cumplimiento, la política de sanciones y bloqueos podría superarse gradualmente. La Unión Europea debe enviar en las zonas de conflicto postsoviéticas misiones de paz que contribuyan a una solución pacífica, ofreciendo asociarse a cada estado, que esté dispuesto a adoptar las normas y principios de la unión, las ofertas de cooperación de estos estados con la UE pueden conducir a una mayor estabilidad y seguridad en la vecindad con Rusia, precisamente porque el margen de maniobra en Rusia es extremadamente limitado, el éxito de las reformas en los estados postsoviéticos puede tener un impacto positivo en esa extensa nación.

La guerra de Rusia contra Ucrania es una llamada de atención al mundo entero y un catalizador para conocer que no solo existen rivalidades estratégicas geopolíticas en las relaciones internacionales, sino una confrontación de sistemas entre regímenes democráticos y autocráticos.

 

Javier Gamero Kinosita | Oficial (r) de la Policia Nacional peruana

 

Fuentes bibliográficas:

  1. «Lehren aus dem Ukrainekonflikt – Krisen vorbeugen, Gewalt verhindern» (2022) por Andreas Heinemann-Grüder, Claudia Crawford y Tim B. Peters. Editorial Barbara Budrich. Opladen-Berlin-Toronto.
  2. «Putins Demokratur – Was sie für den Westen so gefährlich macht» (2018). Editorial Ullstein SRL. Berlin.
  3. «Generation Putin – Das neue Russland verstehen» (2016). Benjamin Bidder. Editorial Deutsche Verlags-Anstalt, Münich

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