Myanmar: golpe de Estado

Myanmar: un nuevo golpe a la democracia, un nuevo golpe al desarrollo

“(…) una crisis política interna puede derivar en ciertos grados de aislamiento para Myanmar en el escenario internacional. De este modo, el retroceso no solo sería en el plano democrático, sino que, además, el país podría sufrir un dramático retroceso en su carrera al desarrollo”.

Golpe de Estado

El pasado 1 de febrero, en Myanmar, república también conocida como Birmania, el mundo pudo presenciar un nuevo golpe de Estado marcado por la detención de la Consejera de Estado, líder histórica de la Liga Nacional para la Democracia y Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi. Junto a ella, fue también detenido el hasta ahora presidente Win Myint. Este acto de insubordinación militar a las autoridades políticas pone en vilo la ya frágil transición a la democracia que experimenta ese estado desde el referéndum de 2008 con el que, en un viciado y polémico proceso, deciden avanzar hacia una “democracia con disciplina”. Algo así como una democracia tutelada por los militares.

Al interior del país, que estuvo en manos de dictaduras militares por casi 50 años durante el siglo XX, las formas de intervención de parte de las fuerzas armadas son una receta conocida. Como era de esperar, no solo se detuvo a la Consejera de Estado a una semana de que asumiera un nuevo gobierno; también se ha desatado una ola represiva que se extendió a otros funcionarios del estado, pero además se han apresado artistas, escritores y activistas por la democracia.

Estas acciones solo vienen a replicar la anterior dictadura que condujera el Consejo de la Restauración de la Ley y el Orden del Estado -nombre con el que se autodenominó la Junta Militar que gobernó Birmania desde 1988 a 2010. En ese periodo, en 1990, los militares negaron un aplastante triunfo democrático de la misma Aung San Suu Kyi. En ese sentido, no es exagerado afirmar que con este golpe de Estado se retroceden diez o veinte años en lo que respecta a progresos democráticos.

Y aunque el viernes 12 de febrero, en una aparente flexibilización de las medidas represivas, el gobierno militar anunció una amnistía para 23.000 prisioneros, la Asociación de Asistencia a Presos Políticos de Myanmar señaló que en distintas ciudades a lo largo del país, se continúan deteniendo líderes sociales. La organización llega a contabilizar cerca de 260 personas privadas de libertad por motivos políticos.

Como respuesta al golpe, la ciudadanía, principalmente los jóvenes, se convocan por redes sociales y demuestran su descontento, pacíficamente, mediante la desobediencia civil callejera. La Junta Militar golpista ha respondido con interrupciones masivas al servicio de Internet y con brutalidad criminal en las calles. Cifras de la ONU estiman en 138 la cantidad de manifestantes pacíficos que han sido asesinados a manos del ejercito desde que comenzó el golpe de Estado. Solo el pasado domingo se registraron 38 civiles muertos en medio de protestas pacíficas contra el régimen.

Christine Schraner Burgener, enviada especial de la ONU en Myanmar, condenó el “continuo derramamiento de sangre” y crítico la actitud desafiante de los militares ante los llamados internacionales.

Las causas del golpe

Los cargos que justificarían el arresto de Aung San Suu Kyi van desde el “incumplimiento de las leyes de importación y exportación, y la posesión de dispositivos de comunicación ilegales”. Al presidente Win Myint, en tanto, se le acusó de “violar las reglas que prohíben las reuniones durante la pandemia de covid-19”. Sin embargo, esto, en un plano jurídico y formal, porque en lo concreto, la mayoría de los analistas coinciden en que las motivaciones obedecen simplemente a una disputa por el poder político.

Recientemente, en noviembre de 2020, Myanmar celebró elecciones legislativas en las que el partido de gobierno conducido por Suu Kyi obtuvo una apabullante victoria en las urnas. La oposición, en tanto, el Partido de la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo que, cabe señalar, está ligado al mundo militar, apenas obtuvo escaños.

Ante esta derrota, los militares acusaron fraude. Es que, gracias a un diseño institucional a la medida, la elite militar nunca ha dejado de tener alta participación en las decisiones políticas del país. Entonces, perder poder legislativo por la vía democrática les pareció simplemente inaceptable. Esta sería la verdadera causa detrás del golpe de Estado. Hipótesis que toma fuerza si atendemos a los múltiples intentos de parte de los militares por derrumbar la enorme popularidad de Aung San Suu Kyi, entre ellos, otras acusaciones así de triviales en relación a los objetivos de destitución que persiguen.

Las condenas que la Junta Militar esgrime contra Suu Kyi, decimos, son algo triviales, ya que contrastan con las críticas internacionales que ha recibido su partido al momento de gobernar por la brutal persecución a la etnia rohingya. Los rohingya, etnia musulmana en un país multiétnico, pero mayoritariamente budista, ha encontrado continuidad en la represión hacia su pueblo tanto bajo las dictaduras militares como de parte de los gobiernos democráticos en Myanmar.

Con todo, al menos dentro del país, Suu Kyi goza de una popularidad inamovible que quita total legitimidad a la arremetida golpista de los militares. Y, a nivel internacional, las condenas en contra del nuevo régimen no se han hecho esperar.

Impacto internacional

Myanmar es un importante socio comercial y político de China, país con el que comparte frontera. Por ello, el gigante asiático -junto con Rusia- ha desplegado una permanente estrategia de protección a este estado en instancias internacionales tales como la ONU, en donde la antigua Birmania ha sido condenada por la represión hacia la minoría étnica de los rohingya. Según China, el objetivo es procurar la estabilidad y salida pacífica al conflicto.

No es casual entonces que en este periodo se hayan registrado protestas fuera de fábricas chinas e incluso agresiones a ciudadanos chinos a manos de indignados manifestantes de Myanmar que esperan que, en esta ocasión al menos, considerando la gravedad de los hechos, su aliado más importante haga público un pronunciamiento sobre el golpe de Estado.

Pero más allá del silencio de China por la situación de su país vecino, en términos generales, las democracias occidentales vienen observando con cautela y esperanza la transición democrática en Myanmar, cayendo en una conducta muy similar a la de China.

Es así como, a lo largo de esta década de transición a la democracia, organismos como la Unión Europea o el estado de Japón tampoco han sido particularmente enérgicos en, por ejemplo, su condena por la grave situación que vive la etnia rohingya en ese país. Tal como ocurre con China, en una búsqueda de privilegiar la estabilidad de Myanmar, pero sobre todo con el ánimo de mantener la estabilidad de su economía y las relaciones comerciales internacionales, se ha ido postergando la posibilidad de imponer sanciones más duras contra las arbitrariedades y violaciones a los derechos humanos que Myanmar no ha dejado de exhibir en estos años.

Aun así, como efecto directo del golpe de Estado, ya se observan reacciones más vigorosas de parte de actores internacionales. Por ejemplo, tanto el Banco Mundial como EE.UU. ya han anunciado las primeras sanciones. El Banco Mundial, es importante señalar, ha sido fundamental en la entrega de préstamos a Myanmar durante la última década, por lo que cualquier medida que dicho organismo adopte sin duda afectará duramente a la economía del país del Sudeste asiático. El país norteamericano, por su parte, determinó suspender toda ayuda económica hacia Myanmar, aunque aclaró que seguirá sosteniendo la ayuda humanitaria.

Y desde el mundo privado, ya es posible ver efectos desastrosos para la economía, como es el caso de la paralización de actividades productivas en la japonesa Suzuki Motor.

Estas consecuencias que tensan las relaciones entre Myanmar, China y Occidente, sumados a el temor de la iniciativa privada, son apenas los efectos iniciales de una situación de alta complejidad que, desde una crisis política interna puede derivar en ciertos grados de aislamiento para Myanmar en el escenario internacional. De este modo, el retroceso no solo sería en el plano democrático, sino que, además, el país podría sufrir un dramático retroceso en su carrera al desarrollo.


Fuentes utilizadas en este artículo:

https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/actualidad/mundo/2021/02/03/golpe-aisla-birmania-pone-peligro/1086417.html

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-56035868

https://elpais.com/internacional/2021-02-06/el-golpe-de-estado-en-myanmar-lleva-al-limite-la-desesperada-situacion-de-los-rohingyas.html

https://www.publico.es/internacional/protestas-birmania-decenas-miles-personas-manifiestan-golpe-myanmar.html

https://www.latercera.com/mundo/noticia/la-tension-en-myanmar-escala-y-muertos-ascienden-a-mas-de-130-desde-el-golpe-de-estado/KZUFAQLBONC2XKKCMRSVHCKQHM/

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-55921194


Acerca del Autor de este Artículo

ANDRÉS FONSECA LÓPEZ

Profesional en Ciencias Sociales, Económicas y Gestión de Proyectos. Licenciado en Filosofía, estudios de Máster en Psicología y posgrados en Trabajo Social, Innovación y Emprendimiento. Especializado en Estudios del Desarrollo, Economía Política, Cooperación al Desarrollo y Derechos Humanos.


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